En su vibrante mitin cibernético Wálter Araujo estaba indignado y fomentando la indignación de la gente, y la indignación contra el sistema era el corazón estratégico de la campaña de Nayib. Wálter lo sabía y lo traducía de manera inmejorable en un lenguaje popular directo y sencillo.
Los cuatro poderosos mensajes políticos que Wálter estaba colocando también formaban parte de la estrategia nayilista: Uno, ARENA y el FMLN son lo mismo: «ARENA y el FMLN son una amalgama plagada de corrupción, y han corrompido la institucionalidad salvadoreña a través de una garduña política y del saqueo de los fondos públicos […]. Esa cosa inmunda llamada FMLN, con su Gobierno incapaz y corrupto igualitos que los gobiernos de ARENA […].
Ese FMLN de exguerrilleros de pacotilla, dirigentes de un partido basura, viejos panzones y corruptos, cobardes, arteros y asesinos de la democracia, plaga de ladrones sinvergüenzas, igualitos que los de ARENA».
Dos, el TSE está al servicio de ARENA y del FMLN: «Entre la penumbra del fin de la tarde y la oscuridad de la noche, escondido en secreto, el espurio Tribunal Supremo Electoral, hace unos pocos minutos, canceló al CD […]. ARENA y el FMLN les ordenaron a sus magistrados esbirros esa cancelación para que Nayib no participe en esta elección […]. El TSE, esa bazofia, esa cloaca de ratas en que ARENA y el FMLN lo han convertido».
Tres, la inevitabilidad de la victoria de Nayib: «Nosotros somos la mayoría, somos más del 70 %. El pueblo salvadoreño ya despertó y está en pie de lucha […]. Estamos enfrentando un monstruo al cual vamos a descabezar con el corvo de la democracia, y así vamos a matar a esa culebra ponzoñosa y venenosa de dos cabezas que es ARENA y el FMLN […].
No vamos a esperar cinco años más. Nayib Bukele participará en esta elección y será nuestro presidente porque el pueblo ya lo decidió».
Cuatro, luz verde a Nayib: «Ahora tenemos que hacer todo lo que haya que hacer para que Nayib Bukele sea nuestro presidente. Ahora todos tenemos que darle luz verde a Nayib para que haga todo lo que tenga que hacer. Lo único que Nayib no puede hacer es no competir en esta elección». Y, efectivamente, Wálter Araujo estaba encarnando en ese momento el sentir popular, pues en la medida en que avanzaba en su arenga, miles de ciudadanos, igualmente indignados, dejaban en sus redes sociales un solo comentario: luz verde a Nayib.
LA NOCHE DE FÉLIX
El doctor Félix Ulloa había visto la entrevista de Nacho Castillo en la televisión de su dormitorio. La noticia lo había desconcertado, sobre todo por la conversación que había tenido la tarde anterior con los tres magistrados del TSE.
Estaba solo. Su esposa, Lilian, había viajado por la mañana hacia Canadá, donde residía una parte de la familia. Eran las nueve de la noche. Cambió de canal y quiso ver una película, pero no pudo concentrarse.
Era difícil entender tanta infamia y tanta saña contra un proyecto político tan progresista e innovador como el de Nuevas Ideas. Nadie conocía mejor que él la gravedad de la prevaricación cometida por el TSE, pues él mismo, a petición de Nayib Bukele, había realizado un estudio exhaustivo de las condiciones legales requeridas para que su candidatura y su partido no tuvieran ningún tropiezo, al menos en el campo jurídico y especialmente en lo relacionado a la legislación electoral.
De hecho, fue él quien redactó los estatutos de Nuevas Ideas y condujo al equipo encargado de todos los asuntos legales; fue él quien, para realizar el pacto con el CD, revisó la situación jurídica de ese partido y no encontró ningún inconveniente porque, en efecto, no existía ninguno. Iba a acostarse cuando, de pronto, su teléfono celular comenzó a timbrar.
Eran exactamente las diez y quince minutos. Si su esposa hubiese estado en casa ese teléfono no habría sonado, porque él tenía por costumbre inveterada no contestar llamadas después de las 9, y era su esposa quien siempre lo apagaba a esa hora. Vaciló unos segundos, pero terminó por responder.
—Hola Félix —le dijo Nayib Bukele—, me acabo de inscribir en el partido GANA. —Bueno, te felicito —le respondió Félix sorprendido—. ¿Quieres que hablemos mañana? —No —replicó Nayib—, quiero saber si aceptas acompañarme como candidato a la vicepresidencia.





