Por décadas, el Centro Histórico de San Salvador fue sinónimo de peligro, desidia y desorden. «La joya de la corona» era un sitio simbólico por años pasados, pero que en esos momentos se evitaba a toda costa. Millares de salvadoreños debían pasar por sus calles sucias y malolientes y exponerse a ser asaltados cuando caía la tarde, todo porque las administraciones de ARENA-FMLN y anteriores dejaron que el caos se apropiara de la ciudad.
La recuperación del Centro Histórico comenzó cuando Nayib Bukele fue electo alcalde de San Salvador e inició la transformación más profunda de los últimos tiempos. No obstante, los aliados de las pandillas impidieron a toda costa que el territorio que dominaba el crimen organizado fuera tocado. A pesar de ello, el trabajo avanzó y se empezaron las primeras obras para la recuperación de espacios públicos.
Cuando asumió como presidente de la república, el proceso de transformación adquirió una complejidad más grande y el Gobierno Central apoyó los esfuerzos.
De manera paralela, el Plan Control Territorial y el régimen de excepción sacaron de las calles a más de 84,000 integrantes y colaboradores de las pandillas. Como efecto directo, el Centro Histórico se vio libre de la guerra entre pandillas, sus purgas, violencia y tráfico de drogas.
Es increíble cómo en pocos años un lugar tan abandonado y que se convertía en un pueblo fantasma ahora es un sitio lleno de vida y del cual todos los salvadoreños se sienten orgullosos.
Antes de la entrada en vigor del Plan Control Territorial se registraba una cantidad considerable de asesinatos en el Centro Histórico. Ahora, de acuerdo con el Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM), los homicidios se han reducido en un 99 %.
Del mismo modo, otros delitos violentos, como las extorsiones y la venta de drogas, dejaron de ser «actividades normales». Lo mismo que sucedió en todo el país se vivió de manera espectacular en el Centro Histórico, puesto que el plan de recuperación implicaba la intervención de cuadras enteras, los trabajos para dar paso al cableado subterráneo y la construcción de nueva y moderna infraestructura, como la Biblioteca Nacional de El Salvador (Binaes), una donación de China, y que atrajo la llegada de negocios importantes que invirtieron en recuperar edificios históricos y darles un nuevo uso.
Ahora la seguridad ha llegado para quedarse. A través de un sistema de videovigilancia, las 80 cuadras que comprenden el Centro Histórico son monitoreadas en tiempo real. Es una transformación que no tiene marcha atrás.





