Más que simples trozos de cartón ilustrado, las tarjetas postales atesoran fragmentos de tiempo, capturando paisajes, momentos históricos, expresiones artísticas y retazos de la vida cotidiana de diferentes épocas y lugares.
Cada tarjeta es un objeto con múltiples capas de significado. La imagen frontal puede ser una fotografía antigua de una calle bulliciosa de San Salvador en los años cincuenta, un elegante diseño art déco de un hotel o una colorida ilustración que promociona un evento local o cuenta un trágico suceso. Estas imágenes no solo documentan la estética de su tiempo, sino que también ofrecen pistas sobre la arquitectura, la moda y las costumbres de la época.
Según explica Roberto Mendoza, presidente de la Asociación Filatélica del del Salvador (Afisal), las postales se pueden dividir en dos categorías, las que eran emitidas por oficinas de gobierno y las privadas que comenzaron a funcionar de manera paralela y que inicialmente solo se autorizaban a circular dentro de una comunidad o país.
Las tarjetas de origen gubernamental no llevaban ilustraciones, solo tenían un espacio al reverso para escribir el mensaje y al frente iba escrito el destinatario, estas fueron las únicas que circulaban antes de 1890.
En el caso de la tarjeta privada, cuando comenzaron a circular contenían fotografías, ilustraciones, hasta collages artísticos y su objetivo era enviar un mensaje. Inicialmente estas circulaban solo adentro de las ciudades.
«Los primeros intentos de ilustrar con una fotografía fue en 1898, donde se agarraba la tarjeta de cartón que publicaba el gobierno y le pegaban una pequeña película con una vista de la ciudad o del campo. En 1900 entra en El Salvador de lleno la tarjeta postal privada con todos sus motivos ilustrados», asegura Mendoza.
Cuando se mejoró la técnica de impresión de la fotografía se popularizó el hecho de incluir un mensaje en el papel, junto a la imagen. Para reproducirla se imprimía en una matriz la cual se desgastaba luego de hacer 500 tarjetas. Las imágenes que se utilizaban para las postales eran variadas, podían ser motivos diversos de guerra, personajes famosos, flores, fauna, etc.









La popularidad de estas hizo que se autorizara para viajar de manera internacional, y aunque ya existía el envío de cartas, las personas preferían este medio por su bajo costo que rondaba los dos centavos, es decir, casi la quinta parte de lo que se pagaba por una tarjeta escrita.
«Imprimir y vender tarjetas postales era un negocio próspero en esa época. La gente, por regla, intercambiaba postales a nivel mundial. El correo era la forma de comunicarse por excelencia y también estaba el negocio para el turista. Si se visitaba un país era imprescindible mandar una vista del país», agrega.
En cuanto a la razón del por qué se documentaban los sucesos, el director de Afisal detalla que las personas querían tener un registro de alta resolución y la impresión en los periódicos de esa época no la tenían. Además, era una forma de contarle a alguien fuera del país o mostrarle un acontecimiento importante, es decir, las tarjetas postales «como fenómeno, podían servir para propaganda, para fines sociales, fines políticos o privados».
«También se va a encontrar postal privada impresa en papel fotográfico que no necesariamente se comercializó. Y está la postal que tiene los nombres de las farmacias o de las casas de impresión que sí fueron sacadas para el comercio, ¿qué significa?, que si usted tenía un buen aparato fotográfico y quería producir sus propias postales, iba a un taller de revelado, obtenía el papel y el medio para poder imprimir la tarjeta postal», agrega.


Las postales y su tamaño
La medida más conocida de las postales y de mejor facilidad para su distribución es la de 3×5 pulgadas, existe otra mediana de 4×6 y también hubo emisión de una más grande de 7×9.
«Enviar esta postal tenía un costo más alto porque ya ocupaba más espacio, pero fue de las mejores en técnicas fotográficas, además tenía más espacio para escribir y la calidad de la imagen es mejor», detalla Roberto Mendoza.

Códigos entre amantes
El protocolo de la época era muy estricto al momento de enviar una postal. El mensaje escrito estaba a la vista de todos, por lo cual los remitentes y destinatarios se idearon códigos secretos para comunicarse.
«Se va a encontrar símbolos numéricos en los labios, en las orejas, en las manos. De los mensajes no hay evidencia, pero entre los amantes seguramente había alguna complicidad, buscaban cierta privacidad. Para retirar la tarjeta había dos opciones, se podía pagar el servicio directo a la casa del destinatario o el destinatario podía llegar hasta correos a retirarla discretamente», relata Mendoza.


El poder de una postal
En la década de los ochenta se estableció el uso de la tarjeta postal para compartir mensajes o saludos cortos. Con el tiempo su uso se fue diversificando, tal es el caso de instituciones y empresas que utilizaron este recurso con propósitos comerciales o para hacer invitaciones de carácter general.

AFISAL
El 5 de enero de 1940, por iniciativa de Enrique Patiño, José Antonio Pinto Lima y Ciro Rusconi, se funda la Asociación Filatélica Salvadoreña, la cual busca promover, mejorar y divulgar el estudio de la filatelia en general, en El Salvador. Además de cultivar la afición de coleccionar sellos, valores filatélicos y postales, facilitándose su compra, venta, remate y cambio. Actualmente, sus integrantes y afiliados se reúnen semanalmente para promover el intercambio, así como para brindar conferencias en línea y difundir la importancia de la filatelia y sus ramas.







