Años antes de la exitosa implementación del Plan Control Territorial y del régimen de excepción, las administraciones de ARENA y del FMLN habían llevado al país a una situación muy peligrosa. Las pandillas dominaban a su antojo y ninguna actividad social sucedía sin que los mareros sacaran una tajada.
La economía mafiosa hizo fluir millones de dólares de los ciudadanos trabajadores, empresas, comerciantes y transportistas hacia los cabecillas pandilleros.
Esta expresión del crimen organizado buscó a los políticos corruptos y obsoletos y llegaron a acuerdos. Las cúpulas de ARENA-FMLN negociaron la sangre de millares de salvadoreño por votos.
Todavía hay políticos, herederos de esos pactos, que continúan con la práctica. Sin embargo, la respuesta del pueblo salvadoreño ha sido volcarse para apoyar al presidente Nayib Bukele.
El presidente Bukele logró desarticular a las pandillas para conquistar la paz en El Salvador. Si ello no hubiese ocurrido, el país se encaminaba a convertirse en un Estado fallido, uno donde los criminales controlaran la vida nacional. Que más de 84,000 personas hayan sido detenidas en el marco del régimen de excepción muestra la dimensión del problema.
Son decenas de miles de integrantes y colaboradores de las pandillas que están presos porque formaban parte de ese Estado paralelo que vivía del imponer el terrorismo a la población.
Lo que vemos en otras naciones, en donde los grupos criminales se toman el poder (como en Haití) o que hay grupos que aprovechan las tensiones sociales para imponer caos y anarquía (como en Estados Unidos — donde las autoridades han capturado a estructuras que promovían que las protestas migratorias se volvieran violentas— y Francia), es que el Estado pierde su legítima función de imponer orden y leyes.
Un Estado fuerte se basa en las leyes para brindar seguridad a sus ciudadanos. Sin la seguridad, las sociedades no tienen oportunidad para crecer económicamente y desarrollarse. Vivir bajo la zozobra del crimen impidió que El Salvador pudiera desarrollar todo su potencial. Ahora empezamos a ver hasta dónde puede llegar el país.
«El milagro de El Salvador» y «el método Bukele» son tan conocidos internacionalmente que millares llegan al país para conocer cómo un pueblo logró derrotar a las pandillas y empezar a construir un nuevo futuro. El presidente Bukele ha liderado el rescate de la nación, una tarea que requiere el respaldo y compromiso de los ciudadanos, además de la renovada institucionalidad del Estado.





