Los habitantes del distrito de Puerto El Triunfo, en Usulután Oeste, transitan por el pueblo con mayor libertad y viven más tranquilos debido al clima de seguridad con el que ahora cuentan. El pueblo pasó de ser conocido como uno de los más peligrosos en el departamento de Usulután, a convertirse en un polo para el desarrollo turístico.
El distrito está conformado no solo por comunidades, caseríos y cantones, sino que también tiene jurisdicción en algunas islas de la bahía de Jiquilisco, como Madresal, El Jobal, El Espíritu Santo y Corral de Mulas.

En este distrito había una fuerte presencia de grupos terroristas; los habitantes narran que existía una tensión constante al tener presencia de ambas pandillas las cuales eran divididas por un muro invisible, la 4.ª calle oriente.
En dicha calle, en donde eran comunes los enfrentamientos en las madrugadas y mañanas, ahora los niños y jóvenes caminan con tranquilidad hacia el centro escolar de Puerto El Triunfo, sin temor a ser víctimas de la violencia.

«En tema de seguridad ahora estamos muy bien, ha habido un gran cambio en los últimos años, hay mayor libertad, mayor seguridad, hay tranquilidad, las familias pueden reunirse afuera de su casa, antes no podía incluso salir a convivir al patio de su casa», expresó William Vásquez, un habitante del distrito.
En 2013, en el período presidencial de Mauricio Funes del partido FMLN, en el entonces municipio se firmó un pacto entre el Gobierno y ambas pandillas, con[1]virtiéndolo junto con otros municipios en ciudad santuario, en donde habría un desarme de las pandillas y un cese de las extorsiones. Sin embargo, los habitantes recuerdan que, a pesar de dicho pacto, la violencia continuaba siendo algo con lo que tenían que convivir a diario.
«Lo que pasaba es que los muertos sucedían aquí, pero los iban a dejar a otro lado como Jiquilisco. Hay historias que no queremos recordar porque la herida todavía sangra; damos gracias a Dios porque ha cambiado todo», dijo otro habitante.

Con dolor, los habitantes aún recuerdan no solo ha[1]ber sido víctimas de extorsiones, sino de actos atroces como la bomba artesanal que fue tirada en medio de la quema de pólvora de la virgen de Fátima, en las fiestas patronales en 2014, la cual lesionó a más de 10 personas; así como la madre e hija que fueron asesinadas y quemadas en la zona limítrofe entre Jiquilisco y Puerto El Triunfo; o el asesinato de cuatro hombres de una misma familia, que se encontraban buscando curiles en el manglar.
Tal era la división, que las fiestas patronales se celebraban por sectores para evitar enfrentamientos. Hasta hace un par de años estas ya pudieron ser centralizadas, dándole la oportunidad a todos los habitantes de asistir y a los comerciantes de vender sin importar el lugar donde residían.
«La seguridad municipal toda fue asaltada, les quitaron sus armas, habían asesinatos a diario, no podían venir jóvenes de otros distritos por el peligro que corrían, el fútbol se paralizó por varios años. Aquí no había una colonia que fuera segura, pero ahora todo ha cambiado. Usted, por ejemplo, puede caminar con su celular en la mano y no le pasa nada», expresó Manuel de Jesús Argueta, director del distrito.
CRECIMIENTO EN EL COMERCIO
Las estrategias de seguridad del Plan Control Territorial, implementadas por el Gobierno del presidente Nayib Bukele, han generado mayor tranquilidad para los habitantes y turistas, impulsado el crecimiento turístico y hay nuevos negocios.
Solo en los últimos 13 meses, según el registro de la Unidad de Catastro de la alcaldía de Usulután Oeste, se han abierto más de 100 nuevos negocios de diferentes rubros.
«Ahora el comercio todo el tiempo es movido, los fines de semana tenemos un corredor con 22 emprendedores que se instalan en El Malecón. En el último año tenemos registrados 110 nuevos comercios que van desde un supermercado que abrió, locales comerciales, comedores, restaurantes, talleres de motocicletas, vehículos y motores fuera de borda, clínicas, laboratorios, hostales y el primer hotel», detalló Argueta sobre el crecimiento comercial.
Muchas personas, que cerraron sus pequeños emprendimientos por miedo a los grupos delictivos, han vuelto a abrirlos con la certeza de que ya no serán víctimas de la violencia. Tal es el caso de Yanet Iraheta Rosales, que por temor a las pandillas cerró dos negocios, uno de antojitos y típicos cerca de la iglesia y otro de refrescos afuera de su casa.
«Tenemos desde hace dos años un negocio de artesanías y bisutería, elaboramos el 99 % de nuestros productos. Ahora hay más tranquilidad, puedo invertir en mi negocio y no tengo el temor de que me van a quitar la mitad, puedo ir a trabajar a El Malecón y no pasa nada; hay mayor seguridad, eso nos ha ayudo y nos ha dado fuerza», expresó la comerciante.







