Entre las razones que propiciaron el surgimiento y expansión de las pandillas en El Salvador está la pérdida de valores entre los jóvenes. Durante generaciones se cultivó el respeto a los mayores y se fomentaba la disciplina y el orden, pero eso se dejó de lado y las consecuencias fueron terribles.
Muchas civilizaciones prosperaron sobre la base de la reverencia hacia los mayores, quienes también eran los depositarios de la sabiduría ancestral.
Las religiones también han promovido el respeto a los mayores e incluso en la tradición judeocristiana se establece como uno de los mandamientos de la ley de Dios el amor y el respeto hacia los padres.
Si bien las nuevas generaciones pueden lograr grandes cambios a partir de reformular algunas relaciones sociales e introduciendo costumbres disruptivas, lo cierto es que debe ser sobre la base del respeto hacia los ancianos.
Cuando, a raíz del conflicto armado, los lazos familiares empezaron a romperse, ya sea porque alguno de los miembros huyó del país o porque fueron asesinados por uno u otro bando, se perdieron muchos valores cívicos.
Con las familias rotas, los más pequeños tuvieron que vivir lejos de sus padres o de sus abuelos o ser recibidos por familiares lejanos. Entonces, las pandillas, cual espejismo, se convirtieron en una especie de lugar seguro que ofreció protección e ingresos fáciles a cambio de romper la ley y cometer crímenes atroces.
Recuperar los valores cívicos y las buenas costumbres, guardando el respeto debido hacia los adultos, es un paso esencial para que los jóvenes se desarrollen de manera integral.
Las medidas que está tomando el Gobierno del presidente Nayib Bukele en las escuelas e institutos buscan evitar que las pandillas vuelvan a tener alguna posibilidad de controlar a nuestros jóvenes.
Ahora que las maras y sus colaboradores se encuentran pagando por los delitos que cometieron durante años no es viable que estas estructuras tengan la oportunidad de volver a surgir o que emerjan organizaciones criminales similares.
Recuperar las buenas costumbres contribuirá para reconstruir el tejido social dañado durante décadas.
Las nuevas medidas tomadas en las escuelas más otros proyectos en marcha en el Gobierno —como el programa que involucra a abuelos en la educación de los jóvenes, promovido por la Dirección de Integración— permiten conectar la sabiduría de las viejas generaciones con el ímpetu de los más chicos.
La promoción de valores y la recuperación de la cortesía son pilares fundamentales para un país que se transforma y construye su desarrollo.





