La resina es un material sintético que en las manos creativas se convierte en una forma de expresión sin límites, como es el caso de Camila Figueroa, quien desde hace tres años transformó su taller no como un espacio de trabajo, sino un laboratorio de emociones donde este polímero líquido, con su brillo y transparencia, se transforma en el vehículo perfecto para concretar ideas, sentimientos y sueños.
La fascinación de Camila por la resina comenzó como una curiosidad. Un curso de un solo día, donde aprendió hacer tablas con resina, le abrió las puertas a un mundo de posibilidades. Sin embargo, su verdadero aprendizaje fue un proceso autodidacta, forjado a través de la experimentación y la perseverancia.
«Lo primero que hice después de las tablas eran unas esculturas en forma de cupcake. Me tardé en lograr hacer la primera, aparte que hay distintos tipos de resina, yo era nueva en eso y no sabía que había tantos tipos ni sabía cuál usar para qué cosa; pero a partir de allí seguí haciendo otras figuras como los corazones que ahorita son mi “best seller”», relata.
A medida pasaba el tiempo y luego de investigar y perfeccionar su habilidad, llegó el momento de hacer la transición de hobby a un trabajo de tiempo completo.
«Me dio un gran miedo dejar mi trabajo por dedicarme a lo que estoy haciendo ahorita, pero creo que siempre hay que arriesgarse, enfrentar todos esos miedos y que nadie te diga que no, porque sí se pueden lograr», comenta.













Creaciones con alma: Más allá de la estética
Lo que distingue la obra de Camila no es solo la técnica, sino la profunda emoción que cada pieza encierra. Sus creaciones no son meros objetos decorativos, son narrativas visuales.
«Yo intento a través de mis piezas transmitir alguna emoción. Me gusta que las personas conecten con mis piezas, que se sientan identificadas. Por ejemplo, la idea del corazón nació a partir del pensamiento de que el amor nos puede hacer sentir ligeros y libres y que trasciende diferentes cosas», una metáfora que se materializa en la forma de un corazón flotante, lleno de color y vida.
Cada pieza tiene su propia historia. Las siluetas, por ejemplo, «nacen de la idea de que todos podemos explorar y sentirnos un niño otra vez». Estas obras minimalistas, en las que una figura infantil explora un fondo vacío, invitan a la introspección y al redescubrimiento. De igual manera, los patos y otras creaciones guardan un significado personal, conectando con las vivencias y sentimientos de la artista.
La autenticidad es un pilar fundamental en el trabajo de Camila, por ello la mayoría de sus creaciones están hechas a mano, desde el concepto hasta la creación de los moldes, ya que los elabora ella misma.
«Cada una de mis piezas está elaborada a mano, por lo tanto, no hay ninguna que se parezca a otra. Yo intento que sean lo más perfectas posibles, pero jamás van a ser perfectas por eso mismo de que están elaboradas a mano», indica.
El proceso creativo de la joven no se limita a un solo material. Su espíritu experimental la lleva a combinar pintura, madera, acrílico y, por supuesto, resina. Un ejemplo es el cuadro de los pececitos, donde combinó una base de acrílico con figuras de madera talladas y cubiertas de resina. Esta superposición de materiales y texturas es lo que hace que sus cuadros sean diferentes.
«Me encanta que todos mis cuadros o que la mayoría de mis cuadros lleven algo en relieve porque siento que eso los hace distintos a otros», confiesa.
La aventura de emprender
El camino de Camila no ha sido fácil. Como toda emprendedora, ha tenido que aprender a ser una artista y, al mismo tiempo, una gestora de su propio negocio. Los desafíos técnicos de usar herramientas como lijadoras, taladros, drill y esmeriles han sido parte de su aprendizaje.
«La verdad es que si me si se me ocurre alguna idea y necesito una herramienta la voy a comprar y me propongo aprender a usarla. Así es como he aprendido a usar todas estas cosas que antes no tenía ni idea, ni pensé que en algún momento las iba a usar», indica.
Además de la creación de las piezas, Camila ha tenido que dominar la gestión de su negocio, incluyendo la fotografía, la edición de videos y las finanzas.
«El trabajo de los medios, tomar fotos, hacer videos, editar, todo eso lleva su tiempo, y eso también lo he tenido que aprender porque eso sí me costaba antes», admite.
Este enfoque integral es lo que le ha permitido no solo crear, sino también promocionar y vender su arte, expandiendo su alcance a través de plataformas como Instagram (@byCamilaFigueroa), donde puedes conocer más sobre su trabajo o solicitar alguna pieza.







