Popularmente se conoce como la Piedra Pintada a un paredón rocoso con dibujos rupestres, que se estima datan de entre el año 625 y el 900 después de Cristo, la cual se ubica en un borde del río Titihuapa que divide los distritos de San Isidro, en Cabañas, y San Esteban Catarina, en San Vicente.

Se cree que fue un centro de formación de castas sacerdotales de tribus pipiles, en donde el líder ofrecía sus enseñanzas al pie de la concavidad rocosa de unos seis metros de altura, que exhibe unas 400 figuras grabadas con formas humanas, de animales y elementos del cosmos.
«Acá encontramos elementos que conectan al hombre con la divinidad. Este era como el púlpito, los sacerdotes se reunían aquí y alguien los capacitaba, posiblemente con estos dibujos», afirma Élmer Edmundo Martínez, un lugareño de San Isidro, quien ha estudiado los misterios de la Piedra Pintada.
A pesar del deterioro por causas naturales y por la mano humana, aún es posible identificar tallados de serpientes, sapos, monos, venados, hombres con escudos y una gran cantidad de jeroglíficos indescriptibles hasta el momento, expresa Martínez.
La Piedra ha sido objeto de varias investigaciones. El artículo «La Pintada: Un sitio patrimonial en riesgo de desaparecer», escrito por Ernesto Rivas Arévalo en la revista de museología Kóot de la Universidad Tecnológica, la describe como una superficie «en la que hay grabados que tienden a la abstracción, pero en los que también se pueden distinguir formas de seres humanos, animales y figuras geométricas. La Pintada está a la orilla del río, lugar donde hasta el momento se descarta la posibilidad de que haya habido algún asentamiento».
Estos símbolos precolombinos tienen similitud con otros sitios rupestres dentro y fuera de El Salvador, agrega Arévalo.
La roca se ubica a 70 kilómetros de San Salvador, en los márgenes del caudaloso río Titihuapa (del náhuat río que tiene tinta negra), y está enclavada entre una serie de elevaciones térreas, donde se presume se colocaban vigías durante las celebraciones ceremoniales.
El Puente de Arco
A pocos metros de la Piedra Pintada se encuentra el Puente de Arco de Titihuapa, que data de entre los años 1911 y 1913, que es una joya arquitectónica con un diseño que evoca algunas normas de la ingeniería romana.

«Fue construido como un puente de paso de carretas. Está hecho de calicanto, una mezcla de cal, arena y claras de huevo de pata, que tiene un polímero más fuerte que el de las gallinas. Tiene una base fuerte de piedras talladas», explica Martínez.
La estructura arqueada ha resistido terremotos, huracanes y todas las fuertes crecidas del río. No obstante, fue dañada durante la guerra civil salvadoreña. Martínez comparte que no se ha podido determinar si fue la guerrilla o el ejército quien dañó uno de sus arcos.
Por su importancia para conectar comunidades de Cabañas y San Vicente se colocó una estructura de metal que permite el paso por todo el puente.
El escritor Ernesto Rivas Arévalo en su investigación sobre «El Puente de Arco de Titihuapa» escribió sobre los principios básicos de la arquitectura romana que posee la estructura. «Los arcos a medio punto reproducen algunas normas básicas generales y construcción de la ingeniería romana. Las estructuras arqueadas eran muy usadas en construcciones romanas, son fuertes y pueden soportar pesos excesivos», afirma.
El salto del Río de Los Pueblos
Ingresando por el cantón Los Jobos, del distrito de San Isidro, Cabañas, en medio de serranías, cruzando por pastizales y veredas empedradas, se llega a las cascadas del Río de Los Pueblos. Todo el recorrido es una belleza natural, un entorno de abundante vegetación, vacas pastando y el trinar de los pájaros que anteceden a dos caídas de agua fría, que por su altura de unos 15 metros logra escucharse la caída de agua desde lejos.

«Este es un buen destino turístico, el agua es helada. Cuando viene gente de Estados Unidos les gusta bañarse aquí», asegura Wálter Echeverría, un lugareño.
Hay dos saltos de agua: El pequeño logrado por una contención construida por una empresa minera, que provoca una caída de agua de unos dos metros, y el más grande formado naturalmente que cae a borbollones hasta formar una poza permanente para el deleite de los turistas.
En sus aguas hay peces y camarones. Además, es frecuente encontrarse cangrejos debajo de las piedras. «Para época de vacaciones la gente se viene a bañar y cocinar. Acá hacen sus sopas», sostiene Echeverría.
Recuerda que debido a la violencia social el lugar era poco visitado, pero con las mejoras en seguridad ha aumentado la afluencia de visitantes.







