Sofía Ramírez Pérez, una reconocida artesana del barro originaria del cantón El Rosario, en Santo Domingo de Guzmán, ha dedicado casi seis décadas de su vida a este oficio tradicional. A sus 70 años recuerda que comenzó a trabajar el barro de forma empírica desde los 12, una habilidad que le permitió sacar adelante a sus cinco hijos.
«Desde niña aprendí a manipular el barro; fue lo que me ayudó a sostener a mi familia», relata Ramírez Pérez, quien ha sido testigo de los cambios sociales y económicos de su comunidad.
Durante su trayectoria, la artesana enfrentó momentos difíciles. Hace 20 años, las pandillas asesinaron a su esposo sin motivo alguno, mientras trabajaba en el campo.
«A veces escuchaba gritos, pero pensaba que eran muchachos jugando pelota. Luego se escuchaba que habían matado a alguien. Yo no creía, hasta que un día mataron a mi esposo. Uno no se metía con nadie, somos gente trabajadora, pero a ellos no les importaba eso. En el cantón hubo un tiempo en que todos los días mataban a alguien, ya uno no podía salir a trabajar por el miedo», comenta con tristeza.
El cantón El Rosario, una de las zonas rurales con abundantes barriales, fue durante años un sitio donde la producción artesanal estuvo asediada por la violencia.
«Ahora todo es distinto. Podemos salir, aprender más sobre nuestro oficio y mejorar nuestras técnicas. Antes era imposible», expresa Ramírez Pérez, quien actualmente forma parte de un taller impulsado por el Gobierno para fortalecer las capacidades productivas de los artesanos locales.







