El primer ministro francés Sébastien Lecornu logró ayer alejar la caída del Gobierno y el agravamiento de la crisis política, al proponer la suspensión de una de las grandes leyes del presidente Emmanuel Macron: su impopular reforma de las pensiones. Más temprano, Macron había advertido que si el Parlamento tumbaba al Gobierno podría convocar elecciones legislativas anticipadas.
La suspensión era una línea roja de la oposición socialista para no censurar al tercer primer ministro en menos de un año. Su líder parlamentario, Boris Vallaud, respondió favorablemente a la mano tendida, pese a ser una «apuesta arriesgada».
«Somos capaces de llegar a compromisos, lo hemos demostrado. Somos capaces de tumbar un Gobierno, lo hemos hecho dos veces. Nuestra única guía es el interés del país y de los franceses», advirtió Vallaud.
Más tarde, el líder del Partido Socialista, Olivier Faure, pidió a sus diputados que «respeten» la decisión «casi unánime» de la colectividad de no censurar a Lecornu el próximo jueves, cuando se traten las mociones de censura.
«Cuando hay una votación y es casi unánime, debe ser respetada», dijo Faure en la cadena local TF1. El retraso de la edad de jubilación de 62 a 64 años para 2030 y el aumento a 43 años a partir de 2027 de la cotización necesaria para una pensión completa cristalizan, desde su adopción en 2023, el descontento con la política del presidente centroderechista.
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La izquierda hizo campaña por su derogación durante las legislativas anticipadas de 2024, que provocaron la crisis política actual al dejar una Asamblea Nacional (cámara baja) sin mayorías y dividida en tres bloques: izquierda, centroderecha y ultraderecha. Desde entonces, el Parlamento tumbó dos Gobiernos de Macron y el propio Lecornu, uno de sus hombres de confianza, tiró la toalla la semana pasada por desacuerdos con un socio del Ejecutivo antes de aceptar de nuevo ser primer ministro.
Bajo presión, el jefe de Gobierno acabó de soltar amarras con sus predecesores en su primer discurso de política general y propuso al Parlamento suspender la reforma hasta la próxima elección presidencial, prevista en 2027.
En concreto, planteó que no haya ningún retraso de la edad «hasta enero de 2028», como solicitó el primer sindicato francés CFDT, y que la duración de la cotización permanezca también congelada en «170 trimestres hasta enero de 2028».
El político de 39 años, que se autodefine como un «monje soldado», logró su primer objetivo: que los socialistas, cuyos votos son claves para tumbar al Gobierno, no apoyen las mociones de censura que se debatirán el jueves a propuesta de la izquierda radical y la ultraderecha.
La incertidumbre planea sobre cómo logrará aprobar esta medida en el Parlamento, máxime cuando la derecha, que controla el Senado (cámara alta), es contraria a su suspensión y el oficialismo se muestra dividido. Lecornu es «rehén de los socialistas» con esta decisión «incomprensible» que «nos conduce directamente al muro de la crisis financiera», lamentó en un comunicado el líder del partido conservador Los Republicanos, Bruno Retailleau.
Aunque los sindicatos y la izquierda celebraron una «primera victoria» que debe llevar a la derogación, uno de los líderes de izquierda radical, Manuel Bompard, urgió a los socialistas a tumbar el Gobierno. Los ecologistas también censurarán.
Macron siempre rechazó dar marcha atrás a su reforma y este martes advirtió que, si el Gobierno caía, convocaría nuevas legislativas anticipadas. El partido ultraderechista de Marine Le Pen lidera los sondeos de la primera vuelta. Para el Gobierno, la suspensión de la única gran reforma del segundo mandato de Macron costaría al menos 3,000 millones de euros ($3,465 millones).
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