Apenas se cruza el vestíbulo del Museo Provincial de Hubei, una parada es obligatoria: la foto del recuerdo. Es el inicio de un recorrido que promete conectar al visitante con más de dos milenios de historia y esplendor cultural.

En el corazón del museo se alza una de sus mayores joyas: un imponente conjunto de 65 campanas de bronce, distribuidas en tres niveles y capaces de emitir dos tonos diferentes cada una. Este instrumento monumental, considerado el conjunto musical más complejo de la antigua China, simboliza el ingenio tecnológico y la refinada cultura musical de su época.

Pero si las campanas asombran por su armonía, una pieza aún más enigmática roba todas las miradas: la espada del Rey Goujian de Yue. Forjada hace más de 2,000 años, fue descubierta con el filo intacto y sin señales de corrosión, un misterio que sigue desafiando a los expertos. Su hoja está grabada con una inscripción que reza «El Rey Goujian de Yue hizo esta espada para su propio uso».

Esta obra maestra no solo representa el pináculo de la metalurgia antigua, sino también el espíritu indomable de una civilización que logró transformar el bronce y el acero en símbolos de poder, arte y eternidad.
Después de conocer un poco más de la historia milenaria de Hubei, la provincia china de la que es capital Wuhan, llegó el momento de visitar sus calles para degustar deliciosa comida callejera.

En la calle Dao Xiang Han los puestos de comida huelen espectacularmente. Aquí, la especialidad es la cocina cantonesa. Hay una inmensa variedad de platillos, desde maíz, cerdo y cordero en brochetas pasando por sopas, los infaltables dumplings (al vapor y fritos) y un delicioso postre hecho de raíz de loto, que también se ofrece cocida para acompañar las carnes.








