Anoche fue el estreno de «Picnic nocturno», la nueva pieza teatral escrita y dirigida por René Lovo, fundador de La Galera Teatro & Cocina.
Hace un año, aproximadamente, Lovo pensó en una nueva pieza original y optó por mezclar sus ideas sobre la guerra civil que registró El Salvador en los años ochenta, el impacto que este episodio provocó a nivel familiar-social debido a las miles de muertes y desapariciones reportadas, sobre todo cómo este fenómeno acuñó el término de los «hijos de la posguerra» y todo lo que aconteció después de firmados los Acuerdos de Paz.
En junio pasado, el también actor retomó su proyecto y durante un mes y medio trabajó en él hasta que dio vida a la pieza «Picnic nocturno».
En agosto comenzaron los ensayos y el director escogió a los cuatro actores que le apoyarían con su obra: Diana Bonilla da vida a Sofía y Laura, Nía Sara interpreta a Amanda y a la Guerrillera, Luis González es Ernesto y Angélica Anariba hace los papeles de Mariana y Tonalli.
«Tonalli es un ser que emerge de los escombros en medio de la casa abandonada y es como el personaje de la memoria histórica […] Ella es, entonces, quien les hace vivir los sueños y las pesadillas en algún momento. Ella es el personaje central onírico», comparte Lovo.
En la sinopsis preparada por La Galera se expresa: «Cuatro compañeros de trabajo se ven obligados a pasar la noche en una casa abandonada en el campo, después de que el vehículo en que viajaban se les arruinara. Atrapados y sin salida, conversan y discuten sobre algunos acontecimientos históricos del país».
Al hablar directamente sobre las motivaciones para escribir «Picnic nocturno», el dramaturgo comparte que «La obra es una necesidad de parte mía, de recoger un poco de ciertas voces del pasado y ver cómo les encuentro en la actualidad. Parto de una idea: El Salvador es un país que tiene muchos mártires y no se quiere reconocer esa memoria histórica. Yo creo que es importante hablar de eso».
Añade que «en este país la sangre se ha derramado en cantidades gigantescas, contada en vidas, y ahora pareciera que el presente borra todo aquello, como que no se le debe a nadie este cambio. Y este cambio de democracia y de libertad ha tenido un costo muy alto. Y eso, creo, es lo que no se quiere hablar».
Algunos detalles
Luego del estreno de anoche, «Picnic nocturno» se presentará hasta el 14 de diciembre. Los viernes y sábados será a las 8 de la noche y los domingos a las 5 de la tarde. La entrada general es de $10 por persona.
Para el montaje, Lovo ha formado equipo con Andrea Trigueros y Carol Rivas (vestuario), Cuevas Álvarez (escenografía e iluminación), Pablo Jafet (espacio sonoro), Emerson Flores (fotografía) y Nicole Sáenz (diseño gráfico).
La obra dura 75 minutos y es apta para mayores de 14 años. «»Picnic nocturno» es una historia impredecible, surrealista; es un viaje sin retorno, un tobogán de sorpresas», ha compartido La Galera en sus redes sociales.
EN CORTO
Obra: «Picnic nocturno»
Presenta: René Lovo (La Galera Teatro & Cocina)
Fechas: Del 7 de noviembre al 14 de diciembre
Horario: Viernes y sábados a las 8 p. m. y domingos a las 5 p. m.
Boletos: $10
Reservaciones: 7593-2542
Ubicación: Condominios 2000, pasaje B-26, calle A, San Salvador
SINOPSIS
Cuatro compañeros de trabajo se ven obligados a pasar la noche en una casa abandonada en el campo, después de que el vehículo en que viajaban se les arruinara. Atrapados y sin salida, conversan y discuten sobre algunos acontecimientos históricos del país, sobre la corrupción, la violencia y la impunidad, cuestionándose unos a otros su propia complicidad y responsabilidad de los hechos históricos. El ambiente singular de la noche y el lugar, sin luz eléctrica, lluvia y en medio de la montaña, los arrastra a una experiencia onírica y surrealista.

LA CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE: EL TEYOLÍA, EL TONALLI Y EL IHÍYOTL
Las entidades formadoras pueden dividirse en dos clases: la identitaria y las que proporcionaban al hombre sus características individuales. La primera era el teyolía, ubicado en el corazón. Era la entidad anímica que el grupo humano había recibido del dios patrono y, por lo tanto, la base de los sentimientos, los derechos y las obligaciones propias de la pertenencia grupal […] Esto tiene que ser apreciado en la relatividad de la dimensión patronal, lo que va de la calidad humana, adquirida por pertenecer a la especie, a las calidades particularidades de los niveles grupales más pequeños. En esta entidad anímica radicaban las principales funciones vitales, intelectuales y afectivas. El teyolía solo dejaba el cuerpo a la muerte del individuo. Era, además, la entidad que viajaba al más allá después del fallecimiento.
El tonalli se alojaba principalmente en la cabeza y el ihíyotl en el hígado. El tonalli vinculaba al individuo con las fuerzas sobrenaturales externas, entre ellas las del destino, mientras que del ihíyotl dependía su vigor físico y buena parte de sus pasiones y sentimientos. Ambas entidades no sólo podían salir total o parcialmente del cuerpo, sino que, libres de la cubierta pesada, en ocasiones permitían al individuo traspasar los umbrales que comunicaban ecúmeno con anecúmeno. Las entidades anímicas contingentes eran numerosas y muy diversas. Algunas transitaban por el cuerpo, otras se establecían en él de manera más o menos permanente, provocando estados anómalos pasajeros o posesiones definitivas.
Algunas de las entidades permanentes otorgaban grandes poderes a la persona. Numerosos gobernantes, místicos y sacerdotes se consideraban vasos mundanos de algún dios. Entre los invasores comunes destacaban los dioses-tiempo, quienes influían en lo más profundo de la naturaleza del individuo. Muchos males (la artritis, por ejemplo) se concebían como el dañino alojamiento de pequeños dioses en diversas partes del cuerpo. La ebriedad era la intrusión de algún dios del pulque y por este tenor se explicaban la libido, la inspiración artística, la locura y la irracionalidad homicida. (Alfredo López Austin, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM)







