A sus 68 años, Felipe Méndez Hernández habla con la serenidad de una persona que ha vivido tiempos duros, pero que también reconoce que hoy vive una realidad distinta. Es originario de Ciudad Arce y cuenta que hace 18 años decidió mudarse a la hacienda La Labor para escapar del asedio de la delincuencia; sin embargo, su llegada no fue lo que esperaba.
«Me vine huyendo, pero aquí estaba peor», recuerda mientras acomoda los cocos que vende a la orilla de la carretera Panamericana. Durante muchos años trabajó como motorista, un oficio que le permitió mantener a su familia, pero que con el paso del tiempo se volvió pesado para él.
Con la edad avanzada y las fuerzas disminuyendo, pensó en intentar algo nuevo: emprender. Pero hacerlo en un entorno marcado por la violencia era prácticamente imposible. «Antes no se podía, era un gran riesgo ponerse en la calle a trabajar», señala.
Hoy su realidad es otra, ahora Felipe se dedica a venderles cocos a los viajeros que atraviesan la zona, un producto tradicional en las rutas turísticas del país. Afirma que este pequeño negocio solo ha sido posible gracias a la seguridad que ahora se vive en el territorio. «Si no fuera por cómo está el país hoy, yo no me hubiera animado a emprender. Gracias al presidente [Nayib] Bukele ahora sí podemos trabajar tranquilos», expresó con gratitud.
Su puesto se ha convertido en una parada fresca para quienes viajan por la carretera Panamericana. Felipe espera que cada vez más turistas lleguen a la zona, no solo por su producto, sino porque considera que su comunidad tiene mucho que ofrecer.
«Yo no me arrepiento de haber venido aquí. Ahora solo quiero que llegue más gente y que prueben este fruto tan de nosotros, tan de El Salvador», comentó el emprendedor mientras atendía a un cliente.







