No fue su primera final, ni su primer título ni el último, pero sí el más especial. Esa tarde decembrina de 2001, doña Concepción de Carballo estuvo en el estadio Cuscatlán por primera y última vez y vio en primera fila cómo su hijo, Ramiro Carballo, daba la vuelta olímpica con un título más en hombros vistiendo la camisa de Alianza tras vencer a Firpo.
Carballo, titular indiscutible del carril izquierdo albo y dueño de una exitosa carrera en primera división, esa tarde no solo defendió los colores blancos del Alianza, sino que suya fue la asistencia que aniquiló a Firpo en una gran final que está por repetirse este próximo sábado.
«Tengo gratos recuerdos de esa final más allá del resultado que, gracias a Dios, fue un triunfo para nosotros», dice Carballo, casi 24 años más tarde.
«Más allá de ese momento gratificante, lo más importante para mí fue haber podido tener a mi madre ese día en el estadio. Fue la única vez que fue al estadio», recuerda Carballo, psicólogo de profesión.
Y es que doña Concepción de Carballo (Q.E.P.D), según Ramiro, no era de ir a los estadios. «No la hacía que fuera al estadio y esa vez fue, gracias a Dios», celebra la hazaña que se convirtió en su primera batalla antes de encarar la final.
«Logramos el ansiado título y ese momento se convirtió en más que especial para mí por haber contado con la presencia de mi madre, que ya en este momento, Dios en gloria la tenga», afirma con dulzura.
La final a la que Carballo hace referencia ocurrió el 23 de diciembre de 2001 y acabó 2-1 a favor de Alianza. Los pamperos se pusieron arriba en el marcador con un tanto de Vladimir Elías Montes, empató el cafetero Jorge Sandoval sobre la media hora y llegaron 1-1 a los 90 minutos.

Después jugaron tiempo extra (30′) y de estos, son los últimos 120 segundos (desde el 118′), los que acaparan la atención y marcan la escena final de la película que tenía de fondo el coro: ¡Y cómo no te voy a querer!
Así lo detalla Ramiro Carballo: «Jorge Sandoval, un colombiano con una pierna derecha muy educada, tenía la pelota en la media cancha. Yo estaba como lateral por izquierda, corrí y en lugar de pasarle por afuera, pasé por dentro. Me dio la pelota, la adelanté con pierna derecha y la tiré larga, pero gracias a Dios, no sé de dónde, saqué fuerzas para correr porque era el minuto 118’ y habían sido un partido bastante exigente, gané la línea de fondo, saqué el centro y la cereza al pastel la puso Adonai Martínez que la finaliza con el gol de cabeza (119’, según los registros oficiales)».
Ese momento épico para los blancos había comenzado un par de minutos antes con el ¡cómo no te voy a querer! que no es un cántico antojadizo en la barra paquiderma, de acuerdo con Carballo.
«Previo a la jugada y el momento épico se escuchó el ¡cómo no te voy a querer! Y los aliancistas sabemos que ese cántico no sale en cualquier momento, sino que en momentos especiales», revela Carballo, quien añade que ni siquiera vio a quién tiraba la pelota.
Más adelante de ese título, Carballo extendió su carrera y defendió muchísimos colores más: estuvo con San Salvador, volvió al Alianza, fue campeón con Metapán, jugó para la UES, Juventud Independiente, Municipal Limeño e incluso para Firpo 10 años después de ser uno de sus verdugos, pero su color sigue siendo el blanco y es hincha confeso.

Hoy, a las puertas de una nueva final Alianza-Firpo, ya desde fuera, Carballo detalla que mentalmente las finales se juegan mucho antes de los 90 minutos por el ruido que se vive alrededor y lo que genera la prensa.
«Todo mundo sabe que yo soy aliancista, ahí comencé mi carrera. Esta final la estoy viviendo con mucha ilusión, que se venga la número 20 para Alianza», se esperanza, al tiempo que celebra el colmillo que tiene el jugador albo para encarar estos desafíos.
El sábado, si Alianza gana, Carballo tendrá la oportunidad de externar la felicidad con un abrazo a sus hijos, a su esposa, pero el abrazo del recuerdo le quedó tatuado aquel 23 de diciembre de 2001 con su madre.
«Ella no era tanto de expresar sus emociones, pero me dio un abrazo muy a su manera por el logro que habíamos obtenido» dice con nostalgia.







