Este año tiene una fuerte carga política, en tanto que en 2027 tendremos elecciones generales. Con la entrada en vigor de las reformas constitucionales, los períodos de los funcionarios de elección popular se van a homologar, de modo tal que la presidencia de la república, que pasa de cinco a seis años, se tiene que sincronizar con los períodos para diputados, de tal modo que cada elección de legisladores se convierta en una especie de estudio de medio mandato.
A la larga, el país entero ahorrará muchísimo al tener elecciones cada tres años, evitando gastos innecesarios, duplicados en el pasado por la vieja clase política, como cuando, por casualidad, se juntaron las elecciones de diputados y alcaldes con la de presidente decidieron hacerlo con un mes de diferencia para que el electorado no tuviera incidencia de la campaña para presidente cuando escogiera a diputados, entonces una fuente de incidencia para partidos que funcionaban dentro del sistema clientelar instalado por ARENA-FMLN.
El Salvador, además, requiere de políticos comprometidos con el cambio, en apoyar el proceso de transformaciones iniciado por el presidente Nayib Bukele. Por décadas, el país estuvo sumido en la violencia, el crimen y la corrupción. Ahora, vive un importante período histórico que abre la oportunidad de crecimiento económico, paz y una nueva forma de ejercer la política.
La oposición al Gobierno del presidente Bukele buscará recuperar sus espacios perdidos. En el bloque ARENA-FMLN, el partido de izquierda ha sido el más golpeado por la ciudadanía, que rechazó elegir a alguno de sus candidatos como diputados en la legislatura actual. Tampoco tiene alcaldes propios y apenas tiene presencia en algunas municipalidades a través de concejales.
ARENA si bien tiene dos diputados y una alcaldía debe cargar con el peso de los expresidentes electos bajo su bandera procesados por corrupción y una larga historia de malos manejos y abusos.
Estos políticos nostálgicos de tiempos pasados en los que saqueaban el Estado sueñan con un bloque parlamentario de al menos 16 diputados para bloquear al Gobierno del presidente Bukele, justo como lo hicieron al inicio de su primer mandato, impidiendo el financiamiento y equipamiento de las fuerzas de seguridad pública para un total despliegue en contra de las pandillas, algo que solo ocurrió hasta que el pueblo votó masivamente para que el presidente Bukele tuviera en la Asamblea Legislativa todo el apoyo necesario.
La Asamblea se mantiene como la instancia política que garantiza la continuidad de los esfuerzos por mantener la paz y seguir por el buen camino.





