La edición del Iroman 70.3 desarrollada ayer en el país representó un gran reto para todos los triatlonistas debido a la exigencia que se requiere, pero lo fue aún más para el español Alberto Carrillo, que es un atleta no vidente.
Auxiliado por su guía, el hondureño Juan José Reyes. Carrillo paró el cronómetro en 6 horas, 20 minutos y 56 segundos, completando así las tres modalidades: natación, ciclismo y atletismo.
Para Carrillo, fue una verdadera prueba de resistencia y confianza con su guía, con quienes se adentraron a las aguas del lago de Ilopango a las 6:55 de la mañana, completando el circuito de natación a las 7:47; y emprendiendo el recorrido de ciclismo hasta Cojutepeque, regresando con ruta hacia San Salvador.
La tercera etapa fue atletismo, donde la resistencia era demandante para llegar a la línea de meta en el centro histórico de San Salvador.
El recorrido de natación y atletismo lo hicieron con una cinta atada, esto como parte de la adaptación del triatlón para personas no videntes; mientras que la etapa de ciclismo fue en una bicicleta adaptada para dos personas, donde Reyes dirigía y Carrillo pedaleaba.
En su recorrido, ambos competidores recibieron el apoyo y aliento de los salvadoreños, que les aplaudía y celebraban cada kilómetro que iban completando.
Uno de los tramos más difíciles fue el de atletismo, porque ya estaban desarrollándolo cerca del mediodía, con la inclemencia del sol.
«He estado encantado de todo este ambiente en El Salvador, el país está pasando de mito a leyenda. Tuve gente dispuesta a apoyarme, y de eso se trata la inclusión», dijo Alberto Carrillo, muy emocionado.
El triatlonista ibérico recibió un reconocimiento especial, ya que entre los 1,200 atletas era el único con alguna discapacidad en competencia.







