Según el Wall Street Journal, gigantes como Amazon y Walmart ya han sostenido conversaciones preliminares para emitir sus propias stablecoins (monedas estables), al igual que Expedia y múltiples aerolíneas, con el objetivo de facilitar pagos globales y abaratar comisiones de pago tradicionales. Las stablecoins, criptomonedas ancladas a una moneda fiduciaria —como el dólar—, se perfilan como instrumentos ideales para transacciones inmediatas y de bajo costo.
Este movimiento corporativo coincide con una ola legislativa en el Congreso: la Ley GENIUS (Guiding and Establishing National Innovation for U.S. Stablecoins), que ha superado una votación decisiva en el Senado. La norma establece exigencias estrictas: reservas líquidas, auditorías, diversificación de activos, protección a tenedores y supervisión estatal y federal. De aprobarse, abriría el camino a que empresas no bancarias emitieran monedas estables reguladas.
El entusiasmo por las dichas monedas digitales se alimenta también por las políticas que impulsa el presidente Trump. Tras prometer convertir a EE.UU. en la «capital cripto del mundo», firmó órdenes ejecutivas creando una Reserva Estratégica de Bitcoin y un reserva de activos digitales. Asimismo, su administración ha formado un equipo federal para el mercado digital, promovió exenciones regulatorias, removió barreras en la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), y favoreció iniciativas de inversión corporativa en criptomonedas .
Además, en un discurso para la cumbre de Coinbase, Trump confirmó su respaldo a la Ley GENIUS y anunció planes para establecer un marcos de mercado «claros y sencillos». Estas medidas han impulsado una avalancha de inversión: Tether (USDT), por ejemplo, mantiene una emisión cercana a $155,000 millone, mientras que las acciones de Visa y Mastercard han retrocedido 2.8 % y 1.7 % respectivamente, ante el riesgo de perder terreno en pagos .
La alianza entre estrategia corporativa, respaldo legislativo y política presidencial coloca a las stablecoins en un punto de inflexión: podrían transformar los sistemas de pago globales y redefinir el papel de bancos y fintechs. Sin embargo, persisten debates sobre seguridad, regulación y concentración del poder en el sector.







