Cuando la pirotecnia pintó de colores el cielo de la emblemática Ciudad de Cayalá, en Guatemala, el quetzal ya zurcaba y se pavoneaba sobre el firmamento del medallero. En cuatro días, los guatemaltecos han arrasado con el oro, plata y bronce, pero tenían que dejar constancia que la edición XII de los Juegos Centroamericanos es en su tierra y que están de fiestas.
El acto alejado, inicialmente, de protocolos formales, cero discursos, arrancó a las 5:00 p. m., una hora más tarde de lo programado, pero no hubo preámbulos. Las delegaciones, poco numerosas a excepción del anfitrión, se formaron y comenzaron su recorrido.
El desfile de países lo encabezó, a son de baile, Belice, que pese de que en el medallero solo registra una plata, demostró que el deporte, más allá de las medallas, es una fiesta y que llegaron para divertirse.
La delegación salvadoreña fue la tercera en turno, y en contraste a la de Costa Rica, que desfiló sin pompa, los cuscatlecos, anunciados por tres artistas de zancos, le pusieron ritmo a la tarde.
El judoca Diego Cálix portó la bandera y contiguo a él iba la patinadora Ivone Nóchez, la otra abanderada, pero el ritmo y el ruido corrió por cuenta de los guerreros de la Azul playera.

Y claro, tenían mucho por celebrar. En horas del mediodía del lunes, Rudis Gallo y su armada le pegaron al anfitrión, Guatemala, lo tumbaron en su propia arena y se colgaron la medalla de oro sobre su pecho.
El recorrido de los atletas acabó frente a la fachada del teatro Azaria donde llegaron los discursos de bienvenida, la música, y las participaciones artísticas (Gabi Moreno interpretó Luna de Xelajú) y culturales.
La ceremonia fue semi-privada, ya que sin suficiente espacio solo pudieron acceder al lugar pequeñas representaciones de cada país. El resto de deportistas fueron colocados en un toldo cerrado donde se les puso un pantalla para que presenciaran la inauguración.
Agotado los discursos llegaron las juramentaciones, la presentación de la canción oficial de los Juegos y el recorrido de la antorcha hacia el pebetero que ardió frente a la puerta de entrada de la iglesia Santa María Reina de la Familia.
Allí acabó la fiesta pública que dio por inaugurados los Juegos con un show de luces que iluminó el campanario de la iglesia. Eso dio paso a una celebración privada para los atletas. Guate está de fiesta, fiesta deportiva.
MANO DE ORO
Ivone Nóchez, la reina del patinaje salvadoreño, ya está en suelo chapín: hizo una parada en la capital para participar la noche del lunes en la inauguración. Este martes partió hacia Huehuetenango donde compite el miércoles y su objetivo es claro: llevar a casa un cargamento de oro.
«Esperamos ganar oro, estamos en todas las pruebas de velocidad, esperamos estar peleando los podios, si Dios quiere, y todo sale bien», dijo.
Nóchez correrá en 200 metros meta contra meta, 100 metros carriles, 500 metros más distancia, 1000 metros y one lap. «La competencia es dura igualmente, porque con las que corro son también medallistas del mundo, no es una competencia tan fácil que se diga», dijo Nóchez, quien sin embargo, espera retornar a El Salvador con cinco medallas de oro ceñidas a su cuello.








