No hay nada más importante para un deportista que el poder contar con el respaldo incondicional de sus padres, por esa razón don Carlos Nóchez, se apostó ayer casi en el anonimato entre el público presente en el Patinódromo Nacional, donde estuvo alentando en todo momento a su hija Ivonne que logró quedarse con la presea de plata, pero confesó que no fue fácil, sufrió en silencio.
«Realmente experimenté dos sensaciones, primero una gran presión porque ella estaba con la responsabilidad de ganar una medalla en casa, segundo una fuerte emoción apoyándola para que ganara y gracias a Dios las cosas se dieron y hemos podido celebrar una medalla de plata», declaró al final de la competencia.
Agregó que el martes 4 de julio había sido un día especial para él, porque pudo estar en los graderíos apoyando a su hija, hoy convertida en una campeona nacional y centroamericana, apoyándola en unos juegos de más alto nivel como los de San Salvador 2023.
«Por supuesto que ya le había visto competir en eventos nacionales y centroamericanos, pero nunca en una competencia de tan alto nivel como este, yo sabía que la presión que tenía sobre sus hombros por ganar una medalla era muy alta, al final no sé si yo sufrí más que ella», comentó.
Don Carlos recordó con agrado aquel día, cuando ella contaba con 5 años y le comenzó a llevar a las escuelas de patinaje que la Federación realizaba en el Complejo España, de Soyapango, pues en ese entonces nunca imaginó que tan lejos llegaría su hija.

«Fue en noviembre de 2009 que comenzó todo esto y las ganas, entrega y empeño que ella le puso, hicieron que esto se volviera una responsabilidad diaria y por eso está donde está ahora», reiteró el padre de Ivonne.







