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Comandos de Salvamento: los primeros en llegar

Para rendir homenaje a la labor de Comandos de Salvamento, compartiremos dos entregas sobre su historia. En esta primera, contamos seis historias de socorristas de corazón. El siguiente domingo conozca 61 años de historia de la entidad desde su fundación.

por María José Saavedra.
5 de diciembre de 2021
En DeVida
Tiempo de lectura:12 mins read
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Cada 5 de diciembre, se celebra el Día Internacional de los Voluntarios. En un homenaje compartimos seis historias de voluntarios de Comandos de Salvamento El Salvador. Foto: Cortesía Comandos.

Cada 5 de diciembre, se celebra el Día Internacional de los Voluntarios. En un homenaje compartimos seis historias de voluntarios de Comandos de Salvamento El Salvador. Foto: Cortesía Comandos.

En seis décadas, El Salvador ha sorteado una guerra, varios terremotos, huracanes, y cada día accidentes de todo tipo, sobre todo -y en tiempos más actuales- accidentes de tránsito. En cada emergencia, década con década, el uniforme amarillo con la cruz verde de Comandos de Salvamento El Salvador ha estado presente.

Por eso año con año, entre la población y sin excepción, se ha acuñado la célebre frase que en parte los define: «Los primeros en llegar». Y lo son. La red de voluntarios de Comandos desplegada en 30 delegaciones a escala nacional se mantiene alerta y presta para auxiliar. El «no» se ha escapado de su vocablo, y el «siempre disponible» está tatuado en el alma de muchos de ellos. Detrás de cada vida salvada, rescatada o auxiliada hay un voluntario que tiene una historia propia con sacrificios y satisfacciones.

El voluntariado para muchos de ellos ha sido una elección de vida que, como el matrimonio, han elegido vivirlo cada día y renovar sus votos con cada tragedia. En cada Navidad y Año Nuevo están prestos a ayudar, antes que compartiendo en sus propias mesas.

Durante la guerra eran un escudo humano sacando a víctimas, guerrilleros y soldados con sus banderas y su humanidad como únicas armas, rápidamente la gente empezó a ver una mano cercana y de confianza. Con los años son ese amigo que en las malas siempre está, un ángel guardián. 

En el Día Internacional de los Voluntarios (hoy 5 de diciembre) rendimos un homenaje de dos entregas. En esta primera publicación, seis personajes que han elegido esa vida de servicio desde Comandos nos cuentan sus historias.

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Como ellos dicen: «ser voluntario se lleva en la sangre». Y aunque tienen sus propios sentimientos, siempre reaccionan según la emergencia, no solo desde su vocación de servicio sino también desde el conocimiento técnico, en el que cada uno se ha formado ya sea en el país o en Estados Unidos.

«Los primeros en llegar» son una enorme red de 2,200 voluntarios, 600 en apresto, es decir, que ante una emergencia se les llamará para ayudar. Este ejército de salvamento cuenta con solo un equipo de rescate vehicular, ese que se utiliza de manera especializada para liberar a las víctimas atrapadas en los vehículos; de 65 ambulancias, 20 están en reparación y solo gracias a una donación de $115,000 autorizada por el presidente Nayib Bukele.

Pero a falta de recursos y presupuesto suficiente, en cada delegación hay compasión, valentía, disciplina, coraje y bondad de sobra en cada socorrista. Por toda su labor hoy y siempre: ¡Gracias, Comandos de Salvamento!

El hombre de las ambulancias

  • Efráin Solís es el tesorero de Comandos. Gracias a su valentía muchas de las ambulacias llegan a las delegaciones, él viaja por tierra cruzando países para traerlas sean donadas o compradas. Fotos: Comandos.

Efraín Solís llegó a Comandos en 1976, cuando le faltaba un año para la mayoría de edad. Era nadador con mucha habilidad. La génesis de los Comandos viene de un grupo de 10 guardavidas, así que para él fue casi natural usar su habilidad para ayudar al prójimo.

Cuatro décadas han pasado desde el día uno en que Efraín se volvió socorrista. En algún momento tomó un trabajo fijo, pero al igual que varios voluntarios de larga data jamás soltó el ombligo. Siempre estuvo al tanto y a la mano para colaborar.

Desde hace varios años es el tesorero, pero además es el hombre que ha estado detrás del transporte de muchas ambulancias que ahora auxilian en varias delegaciones.

De hecho, mientras se escribía este homenaje Solís aparcaba una ambulancia donada por los bomberos de Albuquerque, Estados Unidos.

La proeza en esta ocasión la hace de la mano de su esposa, Rosa, quien también se desempeña como la coordinadora de salud de la delegación central.

Este fue uno de los varios días de trayecto por tierra manejando la unidad hasta llegar al país. Es el valiente trabajo que hace de ir por las ambulancias, sean donadas o compradas, desde Virginia, Misisipi o cualquier punto donde las recibe.

«Es arriesgado, pero nunca nos ha pasado nada y yo no podría hacerlo tampoco sin el apoyo de mi familia», dice.

La aventura incluye horas manejando hasta llegar a la frontera de Estados Unidos con México, luego pasar por tierras aztecas en donde el trayecto puede ser peligroso y por eso no maneja de noche. 

«Solo una vez nos detuvo la policía en México, quisieron revisar la ambulancia buscando droga, pero nosotros hacemos todo legal. Es una ambulancia y no pasó a más», recuerda.

Sin su valentía, muchas de estas ambulancias no llegarían a ser una herramienta de auxilio al país.

Maestro y caza talentos

  • Luis Colato se encarga de capacitar en primeros auxilios y emergencias a cientos de jóvenes cada año.

Era febrero de 1985 y con solo 16 años, Luis Colato tomó la decisión de formar parte de Comandos de Salvamento. Lejos estaba de imaginarse que en 1986 tendría que socorrer en medio de un terremoto. Y mucho menos se imaginó que en los siguientes 35 años dedicaría su vida al voluntariado, a compartir su conocimiento y a encontrar la vocación entre los aprendices.

Colato, como le llaman de cariño sus compañeros, es el encargado de seguridad laboral en la delegación central.

Desde su cargo, capacita en primeros auxilios a cientos de jóvenes que ingresan como voluntarios, a estudiantes de la Universidad de El Salvador que cursan medicina y de otras universidades e institutos también.

Su experticia ha reunido una amplia tecnificación que incluye una beca que recibió junto con otros compañeros para certificarse como tecnólogo en emergencias médicas en Estados Unidos, así como un máster en gestión de riesgos laborales. 

Pero también, en su papel de capacitador, ha logrado descubrir la vocación de servicio y auxilio de muchos, quienes se quedan como voluntarios y otros van a oficinas de seguridad y primeros auxilios de empresas.

Aunque Colato recibió certificaciones internacionales, las vivencias fueron una especie de graduación desde el inicio cuando asistió durante el terremoto del 86, luego con la repatriación de salvadoreños desde Honduras, su participación en los recates durante la guerra civil, y luego en accidentes, enfrentamientos de vendedores en la capital y otras más.

Son 35 años de portar esa cruz verde y dice que continuará. «Comandos es mi vida», dice mientras se recuerda el pasado y aparecen momentos duros, como el rescate de una fallecida un 31 de diciembre.

«Era una mujer asesinada. Había sido quemada. Cuando moví su cuerpo para sacarlo del barranco, sostenía un bebé en brazos, fue un 31 de diciembre. Fue duro, pero había que seguir. Por siempre habrá otra emergencia».

El antropólogo de Comandos           

  • Francisco Campos lleva más de 40 años como voluntario de Comandos de Salvamento. Su misión ha sido registrar con fotografías la historia de la institución.

«Campos, le dicen», desde el primer día que llegó, después de su hermana Miriam, como voluntario de Comandos de Salvamento, en 1980. Su liderazgo adquirido en una fábrica de metales, le permitió de inmediato ser líder de brigada y dirigir al equipo de socorristas en las emergencias.

Pronto el país entró en una vorágine violenta y Francisco Campos desarrollaría en conjunto una pasión que tomó como misión de vida: ayudar a la gente y registrar en fotografías cada evento.

De su actividad como socorrista no hay muchas fotos, porque él siempre estaba detrás del lente, pero hubo ocasiones en que otros se tomaron el trabajo de inmortalizar su labor y de allí algunas estampas, como la de él sosteniendo a un recién nacido de un parto atendido en la ambulancia en pleno conflicto armado.

Don Chico o Campos nunca abandonó su voluntariado. Su hermana dejó de asistir y así muchos otros. En los últimos 40 años, desarrolló una especie de rama en el fotoperiodismo a través de su registro y la cobertura de las tragedias humanas noblemente atendidas.

Creó una escuela de antropólogos de la que es líder y ejemplo de compasión, de un credo que, sin Dios, solo se alimenta de «sentir la satisfacción de haber aliviado el dolor del otro».

«Yo ya cumplí mi misión, casi todo lo documenté. Mi misión era rescatar la memoria histórica, pero no solo para documentar sino para sacar del anonimato a los héroes dándolos a conocer a los medios», confiesa satisfecho.

Aunque ya delegó el liderazgo de documentar lo que sucede en Comandos, es pieza fundamental de los 60 años de historia de este lugar.

Una decisión para toda la vida

  • Roberto Cruz es el director ejecutivo de Comandos.

Roberto Cruz era un muchacho sin bigote, de 14 años, de tez morena y con toda la juventud por delante cuando decidió ser socorrista de Comandos. De aquella decisión han transcurrido 45 años y cada uno de ellos ha sido llevando una cruz verde en el pecho.

Roberto es el director ejecutivo de la entidad desde 1981. Es la enciclopedia de la historia de Comandos. Ha estado presente en las grandes tragedias de país y también en otras que solo lo han sido para una o varias víctimas.

Para él, como para muchos jóvenes, el tiempo de la guerra los marcó. Eran tan jóvenes y aunque hubieran estado mayores, no había manera de prepararse para todo lo que vivieron.

Roberto recuerda al dedillo las misiones de rescate en las que participó. En la ofensiva final perdió a 18 compañeros, en los años 80 (durante la guerra) hubo recriminaciones de uno y otro bando, el apoyo a las comunidades del Bajo Lempa ante las inundaciones del huracán Mitch, el terremoto de 2001 y el derrumbe en Las Colinas, los momentos en que Comandos vivía de las colectas con la gente, la primera vez que tuvieron una ambulancia en el año 83. Hay tantos recuerdos que una plática con Roberto da para horas.

Cuarenta años después del conflicto, reflexiona que, sin querer, Comandos se convirtió en un tercer participante en la guerra, pero a diferencia de los otros dos bandos ellos no eran contrincante de nadie sino un aliado de la población.

Con 59 años, 45 de ellos en la institución, sigue llegando cada día para seguir fortaleciendo un cuerpo de socorro que, al tener siempre la mano extendida, se ha ganado a la población con confianza, fidelidad y mucho respeto.

La comunidad internacional también comparte y admira la labor que allí se hace.

Para ella, ayudar es como respirar

  • Rosa María ingresó en 1996 a Comandos, pero el terremoto de 2001 la marcó para siempre.

«Si yo veo un accidente desde el bus en que voy, yo me bajo a ayudar. No quiero pensar qué puede ser de esa persona si uno no ayuda pudiendo hacerlo», confiesa Rosa María Gálvez con su uniforme desde la sede central de Comandos.

Rosa María es una mujer decidida como las pronunciadas ondas de su pelo. Tiene dos hijas que ya saben que mamá es socorrista de alma y corazón, que si hay emergencia van a bajar del bus y ayudar, que no hay que tener miedo ni asco a nada.

«Una vez íbamos a un “baby shower” y había un motociclista accidentado, tenía una fractura expuesta. Me bajé del bus, pedí a mis hijas que buscaran con qué inmovilizarlo. Vi unas cajas de pizza y con eso hice una especie de tabilla y a la gente les pedí pitas o cosas para amarrarlo. Ese día no andaba guantes y me quedó la sangre en las manos, y siempre nos aconsejan que no, por eso desde día siempre ando guantes en mi cartera», relata.

Ella siempre anda lista para ayudar. Su necesidad de hacerlo más que vocación parece instinto, no lo puede evitar y espera seguir así hasta el fin de sus días.

Rosa María ingresó en 1996 a Comandos, pero el terremoto de 2001 la marcó para siempre. Ella junto a Efraín Solís y Roberto Cruz fueron los primeros en llegar a Las Colinas, aquel paraje desolador y la gente pidiendo ayuda por encontrar a sus familiares aún la estremece y le refirma su convicción de voluntaria por siempre.

Se desempeña como encargada de la clínica y posee conocimiento de atención de partos de emergencia.

Socorrista de sangre

  • Jhonny Ramos tiene 38 años de ser voluntario en Comandos.

«Me siento muy orgulloso. Mi corazón es verde y mi sangre es amarilla», recita Jhonny Ramos para responder a la frase «los de Comandos son los primeros en llegar».

Jhonny, al igual que muchos de sus compañeros, fue rescatado por Comandos antes de que él pudiera ayudar a alguien. En la guerra, Comandos era un salvataje ante el reclutamiento de guerrilleros o soldados. Pero también había mucho de convicción, de ser diferentes al resto y apremiar ante la necesidad de ayuda por encima de todo. Porque las navidades no son en familia, son para estar atentos, desde la delegación, a acudir a cualquier emergencia.

¿Y vale la pena perderse las navidades en familia? «Sí, vale la pena cada vida que salvamos», responde sin un atisbo de duda.

Este año, él cumple 38 de ser socorrista, en este tiempo su capacitación nunca ha parado y de allí que sea el coordinador de la Unidad de Rescate. Él es el encargado, además, de capacitar a nuevos voluntarios en el uso de equipo de rescate vehicular. 

Como humano, ha tenido momentos difíciles sin perder su visión de rescate, como la vez en que terminaron descalzos en la guerra por uno de los bandos y la gente en la calle les comenzó a proveer, como cuando estuvo al lado del integrante del grupo Algodón soterrado por horas hasta que salió o su llegada a la Málaga justo en el momento en que un bus con hermanos de una iglesia era atrapado por el agua, pero ante todos ha reaccionado con aplomo.

«Cinco minutos antes de un accidente, no formamos parte de su vida. Cinco minutos después, sí. No podemos darnos el lujo de quebrarnos», reflexiona.

Jhonny nunca se ha ido de Comandos, aunque tiene un trabajo fijo adicional. Su tiempo libre lo vive en la delegación central.

Nunca se fue porque ver la necesidad de ayuda desde joven lo marcó para siempre.

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Etiquetas: Comandos de SalvamentoCuerpos de socorroGuerra CivilHistoriahomenaje
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