Hasta 92 años de prisión fueron impuestos a 35 integrantes de la Mara Salvatrucha por delitos de crimen organizado consumados en San Marcos.
La condena fue impuesta por el Tribunal Quinto Contra el Crimen Organizado de San Salvador, por hechos ocurridos en la colonia 10 de Octubre y zonas aledañas.
La mayor pena fue impuesta a Omar Alvarenga Rodríguez, alias Sparky de Hollywood, cabecilla de la pandilla, quien recibió 92 años de cárcel por los delitos de agrupaciones ilícitas; proposición y conspiración en extorsión agravada en perjuicio de cinco víctimas; y actos preparatorios, proposición, conspiración y asociaciones delictivas.
Otro de los condenados es Moisés Rigoberto Vides Portillo, alias Snoopy, a quien le impusieron 83 años de prisión por proposición y conspiración en extorsión agravada en perjuicio de cuatro víctimas; proposición y conspiración en homicidio agravado; actos preparatorios, proposición, conspiración y asociaciones delictivas; y agrupaciones ilícitas.
La tercera mayor condena fue para Mateo Humberto Castro, alias Chispa, sentenciado a 70 años por tráfico ilícito; proposición y conspiración en homicidio agravado; proposición y conspiración en extorsión agravada; y agrupaciones ilícitas.
Por la misma gama de delitos, otros 32 integrantes de la Mara Salvatrucha recibieron penas de tres a 48 años de cárcel, tras una serie de pruebas que la Fiscalía General de la República presentó en la vista pública.
El juez que conoció de la causa penal revisó abundante prueba que va desde documentos y pericias hasta testimonios de víctimas afectadas por el accionar de los pandilleros.
En la fase de investigación, fiscales tuvieron acceso a la herramienta especializada de intervención a las telecomunicaciones, aprobada por un juzgado de San Salvador.
A través de esas escuchas telefónicas, el ministerio público tuvo acceso a información en la cual los mareros estuvieron planificando una serie de atentados y la forma en la que iban a ejecutar delitos de extorsión y traficar droga.
Al emitir el fallo, el juez dijo que, en las grabaciones que le presentaron, fue posible escuchar y analizar la fluida comunicación de los pandilleros para conspirar en contra de las víctimas.
En las conversaciones, los terroristas planificaban la forma de cómo ubicar a las víctimas, capturarlas y trasladarlas a varios lugares donde las iban a asesinar.







