«El planeta de los simios: Nuevo reino», dirigida por Wes Ball, conocido por la trilogía de «Maze Runner». Esta historia se desarrolla después de la trilogía de Matt Reeve, donde nos presentó al personaje de César, el primer simio inteligente, y antes de los sucesos de la película protagonizada por Charlton Heston en 1968.
Trescientos años después de César, los humanos son simples animales que se mueven en manadas, sin inteligencia, guiados solo por su instinto de supervivencia. Aun así, los simios los ven con desconfianza, incluso los llaman «Ecos». Es irónico, ya que parece referirse a su poca habilidad cognitiva, pero tiene un profundo significado filosófico: el ser humano es solo un «eco» de la especie dominante que era en una época olvidada.
César se ha convertido en un mito, es visto como un dios antiguo, el Prometeo que llevó la luz a los simios. Se le pide que guíe a los simios desde la omnipresencia del espíritu, creando un mundo en el que, bajo su nombre, se pueden hacer cosas buenas, como vivir en armonía con los humanos, o cosas abominables, como erradicar por completo a la raza humana. Tener mitos y leyendas es algo inherente en la civilización, porque los mitos, como diría Joseph Campbell (escritor de «El héroe de las mil caras»), crean las leyes y reglas de la convivencia en una sociedad, crean vínculos y pertenencia. También hay ateos de César, simios que no lo conocieron ni a él ni a sus enseñanzas. Es ahí donde encontramos al nuevo protagonista de esta saga, Noa.
Noa pertenece a un clan que se dedica a criar águilas, y está alejado de los humanos y de otros clanes de simios. Hoy, los simios tienen clanes, unos más avanzados que otros. Pero el pacífico clan de Noa se verá atacado por «Proximus César», un simio que se ha autoproclamado continuador del legado de César y que, en honor al mito, pretende erradicar a los humanos y unir a la fuerza a todos los simios.

El guion de la película nos presenta un clásico viaje del héroe. Noa se encuentra en una zona de confort, la cual es alterada cuando es atacado su clan. Sus amigos y familia son secuestrados, y ahora él debe emprender un viaje para rescatarlos. En el camino, encontrará a un orangután que lo adentrará en el mito de César, y juntos protegerán a una humana que es diferente al resto de los «Ecos», ya que tiene la habilidad de pensar y hablar.
Noa no es César, no es un líder nato, ni siquiera sobresale en su pequeño clan, pero es el encargado de rescatar a su pueblo, es decir, volverse una figura mesiánica.
La humana Mae, única en su especie porque es más lista, protagoniza una escena muy divertida cuando la escuchan hablar por primera vez y el rostro de los simios se desencaja. Mae añora el pasado y es conocedora de «la verdad» que ignoran los simios: ese mundo pertenecía a los humanos, que crearon su propio camino a la destrucción. Mae no busca sobrevivir, busca venganza.
Para lograr su venganza, Mae debe unirse a Noa y detener a Proximus. Mae puede tener simpatía por Noa, pero antes está su misión. Mae representa a la humanidad luchando por recuperar lo que era suyo, sin importar si para esto debe eliminar a otros humanos que ayudan a los simios.

El personaje de Proximus, que conoce la verdad del mundo, ama la historia humana e incluso tiene a su propio humano inteligente, Treva, que ha aceptado la superioridad de los primates y solo busca sobrevivir. Treva es útil porque lee libros de historia romana a Proximus, quien inspirado en la historia humana, se apodera del mito de César para lograr la dominación de todos los simios en un solo reino; esa es su interpretación de las palabras: «Simios unidos son fuertes».
En el tercer acto de la historia, deben entrar a un búnker humano y destruir las armas almacenadas antes de que las encuentre Proximus. El grupo de simios protagonistas encuentra un libro para niños donde ven atónitos una imagen de un niño en el zoológico viendo a los simios. Si sus antepasados eran animales sin raciocinio, igual que ellos ven a los «Ecos», un pasado que ignoran y que se ha ocultado. La historia no es como se las contaron.
El final de la película nos presenta una continuidad, ya que se anunció una nueva trilogía, una confrontación entre la humanidad que pretende recuperar su mundo, los simios que ven inferiores a los humanos y los que creen que ambas especies pueden vivir en paz.
Los efectos especiales de esta película son un verdadero acierto. El realismo de las expresiones faciales de los simios es realmente asombroso, y sus escenas de acción están realizadas con mucho cuidado. Por momentos, la trama se vuelve lenta para explicar todo el contexto, pero en general es un acierto total en la producción.







