«Roquiana» es una poderosa novela histórica de David Hernández que narra la convulsa vida social y política que registró El Salvador a partir de la segunda mitad del siglo XX, sobre todo por el estallido de guerra civil a principios de los años ochenta.
Previo al conflicto armado hubo movimientos sociales, conspiraciones políticas, juegos sucios, injerencia internacional que provocaron, por un lado, el surgimiento de la guerrilla y, por otra parte, las acciones contrainsurgentes desde el Estado que incluían al ejército, las fuerzas paramilitares y los grupos armados irregulares, entre otros.
En medio de todo ese entramado se ubica la figura del poeta Roque Dalton, su triste vida en Cuba, su retorno a El Salvador empujado por los espías de la isla caribeña para hacer la revolución acá y las sospechas de que ya estando en tierras salvadoreñas fue reclutado por la Agencia Central de Inteligencia (en inglés Central Intelligence Agency, CIA), una organización de Estados Unidos que de forma secreta compila información en los países.
Publicada originalmente el 2014, «Roquiana» es, según su autor, una «radiografía» de lo que sucedía en el Pulgarcito de América que en aquel momento formaba parte de un escabroso proyecto geopolítico internacional.
«A través de Roque, que es el hilo conductor, voy haciendo una radiografía y un análisis de todo lo que pasa en la segunda mitad del siglo XX hasta llegar a la muerte de Roque en 1975», comparte Hernández sobre su obra.
Al preguntarle al escritor y académico si considera a «Roquiana» la mejor de sus novelas explica: «”Salvamuerte” y “Putolión”, que son mis primeras novelas, fueron un intento por hacer una novela global, pero “Roquiana” ya es una técnica donde trato de que sean dos personajes el eje central de la novela, Roque Dalton y Alejandro Rivas Mira, y creo que funciona».
Alejandro Rivas Mira es el autor intelectual de la muerte de Dalton y todo, asegura el escritor, está comprobado en documentos y testimonios.
David Hernández habló con «Diario El Salvador» sobre la segunda edición de «Roquiana» y, a continuación, se presenta la primera parte de la conversación.
¿Esta nueva edición es porque se cumplen 10 años de “Roquiana”?
No. Un montón de gentes, que son amantes de la novela, me dijeron que publicara de nuevo. Buena parte de esta edición ya la compraron universidades de Estados Unidos y Europa.
¿Cuántos ejemplares son?
Mil, pero 500 ya se fueron al extranjero donde hay centro de estudios latinoamericanos.
¿Relacionados con el tema de Roque?
No, con el tema de El Salvador. Roque es el pretexto para abordar lo socio-político de El Salvador, a través de Roque, que es el hilo conductor, voy haciendo una radiografía y un análisis de todo lo que pasa en la segunda mitad del siglo XX hasta llegar a la muerte de Roque en 1975. Son 25 años.
¿Cómo fue el proceso de documentación?
Yo estudiaba en la Universidad de El Salvador cuando el 27 de mayo de 1975 el ERP tiró comunicados, los tiró por medio de bombas de propaganda, explotaba una bomba y ahí se agarraba el comunicado. Ahí decían que lo habían ajusticiado (a Roque Dalton) por comprobarse que había sido un enemigo infiltrado dentro de las filas del ERP y lo acusaban de la muerte de dos combatientes, Armando y Mauricio.
Ese mito todavía sigue, ¿verdad?
No es tan mito, yo los conocí, eran amigos, murieron. Además, a la par de Roque murió un amigo mío, era vecino, Armando Arteaga, que es el tal Pancho, que muere con él. Entonces, me dio curiosidad y empecé a investigar. Yo tenía cercanía con toda la izquierda en ese momento, así que empecé a recopilar información y años después, ya en la Unión Soviética, en Alemania, Checoslovaquia, fui encontrado diferentes compañeros de él, de diferentes etapas, de Cuba, de México, incluso de El Salvador, y ellos me fueron contando a retazos todas las etapas de la vida de él, incluso soviéticos que habían estado con él en Praga. En Moscú encontré a Luis Rogelio Nogueras, poeta cubano; encontré a Jesús Díaz, que era novelista cubano; encontré a Manuel Pereira, que había estado con él en Cuba, y me narraron todas las vicisitudes que había vivido en Cuba, incluso los malos momentos de ánimo que había vivido.
Prácticamente, él fue víctima de la incitación al heroísmo, al martirologio que hacían los cubanos, porque estaba en Cuba y vivía de la revolución, pero en algún momento te decían: “Bueno compañero, ¿y usted? Nosotros ya hicimos la revolución aquí, váyase usted y haga lo suyo”. Casi es obligado a venir a El Salvador, pero lo que pasa es que viene a toparse con unos dirigentes revolucionarios que son casi sus hijos, les doblaba la edad, muchos eran de 18, 20, 21 años, y él ya tenía 40.
Luego en París, encontré a Roberto Armijo, compañero de juventud de él y también miembro del ERP, él es quien me aclara muchas cosas que se cuentan en el libro sobre el asesinato de Roque, porque el hijo de él era el comandante Claudio, y él sabía bien lo que había pasado, las sospechas y todo eso. De 1975 al 2006 es lo que paso investigando, son 31 años.
Al principio, entonces, es la realidad del país, los años previos a la guerra…
Sí, el surgimiento de la guerrilla. Él (Roque) viene cuando surgen los primeros movimientos guerrilleros, que es el ERP, el Ejército Revolucionario del Pueblo.

DEL AUTOR
David Hernández nació en San Salvador, en 1955. Es escritor, periodista, ingeniero agrónomo, politólogo y filólogo. Vivió siete años en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y se graduó como ingeniero agrónomo fitotecnista en la Academia de Ciencias Agrícolas de Ucrania.
Vivió 25 años en Alemania donde se graduó como máster en Ciencias Políticas y en Filología Germánica por la Universidad de Hannover. También obtuvo un doctorado en filosofía con especialidad en literatura latinoamericana contemporánea.
Ha escrito cuatro novelas y varios libros de poesía, cuento y ensayo, en español, ruso y alemán, entre los que destacan: «En la prehistoria de aquella declaración de amor» (1977), «Salvamuerte, sucesos del amor y una guerrilla» (1992), «Putolión» (2000) y «Berlín, años guanacos» (2005).







