«La película nace de la búsqueda del padre», con «un joven que quiere sanar una herida personal profunda a través de encuentros sexuales en cachimbas», las áreas donde descansan los camioneros en México, explica David Pablos durante una entrevista con la AFP en el Lido de Venecia.
«En el camino» compite en la sección Horizontes del certamen veneciano, dedicada a nuevas tendencias. Está protagonizada por Osvaldo Sánchez (Muñeco) y por Víctor Prieto, un actor natural que encarna a Veneno.
Ambientada en el peligroso norte de México, fue rodada mayoritariamente en Ciudad Juárez y sus alrededores.

«El diablo sale de noche», cuenta Pablos que le advirtieron los policías de la zona. A causa de la inseguridad, el rodaje, de seis semanas «fue complicado», admite el director. Tanto, que se vio sacudido por un secuestro, el de un miembro del equipo que estuvo un día entero retenido. «Nos amenazaron, los sicarios nos llamaron», dice.
«Había que estar todo el tiempo con protección, de la policía o de la guardia nacional», señala el director, que aún así da cuenta de un rodaje «hermoso» en el que «hubo una gran conexión entre todo el equipo».
Para el filme, el cineasta de 41 años, nominado en festivales como Cannes , San Sebastián o Estocolmo, quería actores naturales que conocieran el terreno.

En el caso del personaje de Veneno, que encierra una gran sensibilidad por sus heridas de infancia, Pablos explica que necesitaba a un chico «abiertamente gay», algo que era difícil de encontrar pues «muy pocos lo son en esos contextos tan pesados, tan inseguros, tan violentos».
«Si no era gay, le iba a ser muy complicado transitar muchas escenas», indica el director, que apostó por mostrar escenas sexuales muy explícitas.
«Tenía claro que quería hacer una película sin concesiones, que mostrara la sexualidad de la manera más descarnada, más cruda. Porque así son los encuentros sexuales en estos espacios», agrega.
El director recurrió a una coordinadora de intimidad que trabajó con Sánchez y Prieto durante dos meses que les ayudo a generar «un hermandad», algo «indispensable siempre que se van a tener que tocar cosas tan íntimas (…) y no salir dañados ni afectados de alguna manera», señala Osvaldo Sánchez.







