Los expertos destacaron en su decisión «la decisiva aportación» de Mendoza «a las letras en lengua española del último medio siglo, con un conjunto de novelas que combinan la voluntad de innovación con la capacidad de llegar a un público muy amplio», según el acta que acompañó el fallo del premio, convocado por la Fundación Princesa de Asturias, heredera al trono español.

Dueño de una prosa humorística con la que retrató una sociedad española en transformación, «el jurado destacó que Mendoza es un proveedor de felicidad para los lectores, y su obra tiene el mérito de llegar a todas las generaciones».

Distinguido en 2016 con el Premio Cervantes, considerado como el Nobel de las letras hispanas, este año se celebra el 50 aniversario de su primera obra, «La verdad sobre el caso Savolta» (1975), cuyo dinamismo, mezcla de estilos y giros cómicos convirtieron en un gran éxito.

Considerada como la primera novela de la Transición –el periodo que siguió a la muerte del dictador Francisco Franco en 1975– fue la entrada a la lectura durante años para numerosos adolescentes españoles.

Lee tambiénLeón XIV recibe en el Vaticano al N.1 del tenis Jannik Sinner




– Defensa del humor –

Eduardo Mendoza nació en Barcelona en 1943, donde se licenció en Derecho en 1965 antes de obtener una beca para realizar en Londres estudios de Sociología. Años más tarde se mudaría a Nueva York para trabajar como traductor de la ONU.

En 1983 regresó a Barcelona, ciudad donde ambientó la mayoría de sus obras, aunque siguió ejerciendo como traductor en organismos internacionales.

Para entonces ya había publicado «La verdad sobre el caso Savolta» o «El misterio de la cripta embrujada» (1979).

Su prolífica obra no dejó de contar con el favor del público, que también convirtió en un éxito «La ciudad de los prodigios» (1986), considerada otra de sus grandes obras, o la surrealista «Sin noticias de Gurb», una novela por entregas sobre un extraterrestre en la Barcelona previa a los Juegos Olímpicos de 1992 que lo consagró como escritor de humor.

Con múltiples galardones, como el Premio Kafka o el Premio Planeta que ganó en 2010 por «Riña de Gatos», Mendoza, gran admirador de el «Quijote», realizó una defensa de la comicidad al recoger el Premio Cervantes.

El humor «ha dado nombres tan ilustres a la literatura española, pero que a menudo y de un modo tácito se considera un género menor», lamentó. «Yo no lo veo así. Y aunque fuera un género menor, igualmente habría que buscar y reconocer en él la excelencia», aseveró.