Había una vez, en los bosques antiguos de América del Norte, dos criaturas legendarias: Tío Conejo y Tío Coyote. Tío Conejo era conocido por su agilidad y su astucia, mientras que Tío Coyote era famoso por su gran habilidad para cazar a cualquier animal. Un día soleado, Tío Conejo estaba saltando entre los árboles, disfrutando del cálido sol filtrándose a través de las hojas, cuando se topó con Tío Coyote, quien quería comérselo.

“Tío Coyote: ¿qué te trae por aquí?”, preguntó Tío Conejo con una sonrisa traviesa. “Tío Conejo, siempre es un placer encontrarte”, respondió Tío Coyote con una sonrisa malvada.

Tío conejo estaba sosteniendo una roca cuando llego Tío Coyote el cual le dijo: “¡Hoy te como!” A lo cual, el conejo astutamente le contestó: “No me comas, mejor ayúdame a tener esta roca porque si se cae se destruye el mundo y todos nos morimos”.

Entonces, Tío Coyote quien no quería morirse decidió ayudarle porque el conejo había olvidado una zanahoria en su casa. Al rato, Tío Coyote se aburrió de sostener la roca, entonces, la dejó ir y al hacerlo se dio cuenta que la roca no se movía, y con una cara muy molesta dijo: “¡QuE astuto es ese conejo!

A los días de haber sucedido eso se volvieron a encontrar, esta vez en la noche. Tío Coyote le dijo a Tío Conejo: “¡Hoy te como, ando hambre!” Tío Conejo le respondió: “No me comas Tío Coyote, mejor ayúdame a beber agua para sacar el queso que está dentro de esa poza.

Tío Coyote estaba bebiendo agua para poder sacar el queso y comérselo. Después de un rato volteó a ver a Tío Conejo y con una cara muy molesta le dice que es imposible sacar el queso. Entonces, Tío Conejo, antes de irse le dijo que volteara para arriba y al ver la Luna comprendió que se reflejaba en la poza. Entonces, Tío Coyote se fue muy molesto del lugar.

Unas semanas después, casualmente Tío Coyote se encontró con Tío Conejo el cual estaba arriba de un árbol comiéndose un zapote. Como era de costumbre, Tío Coyote le dijo: “¡Hoy te como!” Y el conejo le respondió: “No me comas Tío Coyote, mejor te paso un zapote bien maduro.

Entonces, Tío Conejo, que era muy travieso y pícaro, buscó la fruta más verde que había en el árbol y le dijo a tío coyote: “¡Ahí te va, cáchala con la boca que está bien madura!

Tío Coyote, con hambre y con ganas de comerse la fruta, abre la boca y el conejo le deja ir la fruta. Cuando Tío Coyote mordió el zapote se quebró todititos los dientes.

Tío Conejo se bajó del árbol y corriendo le decía en son de burla: “¡Adiós Tío Coyote dientes quebrados!”

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