Como parte de un homenaje póstumo al artista Fernando Llort, en la sala de exposiciones del aeropuerto internacional de El Salvador, se encuentra la muestra «Fernando Llort: La armonía de mi pueblo», la cual permite un amplio recorrido por las temáticas que forman parte de de la esencia de ser salvadoreños.

Son 42 obras las que conforman la exposición, donde se incluyen cerámicas, pinturas, serigrafías e impresiones.

De acuerdo con la directora de museos y salas de exposición, Astrid Bahamond, las piezas retratan fragmentos del tiempo y del espacio que envolvieron al Llort, los cuales decidió plasmar con una perfeccionada técnica.

«Los símbolos realizan, en cierta medida, el ideal de la pictografía precolombina, el sincretismo religioso de la colonia y la interpretación de la imaginería popular. Ciertas intuiciones del artista porque no son sueños, sino que es un creador de símbolos, el que logra esa forma simbólica dentro de una estructura racional. Todo lo que crea proviene del alma, y la materia surge formada como una sola pieza», dijo.

Para Bahamond la obra de Llort está cargada de magia, la cual actúa sobre el espíritu de quien la contempla sin necesidad de interpretación ni lectura, porque la forma, el colorido y todos los elementos que la forman tienen un valor propio.

Explicó que el lenguaje simbólico, viviente y real es el más profundo y concreto que pueda expresar el arte.

«Tal como lo utiliza Fernando, es un lenguaje del arte de nuestros ancestros por el color y la forma de lo tropical fitomorfo, los valores éticos religiosos, la belleza mestiza, el costumbrismo bucólico, entre otras inspiraciones que retan al prosaico hombre moderno materialista», dijo. 

Añade que: «El simbolismo pictográfico en el mundo de Llort pasa de ser intelectual a convertirse en un símbolo mágico. No hay que extrañarse si hoy el símbolo ha caído en descrédito, pues se limita a ser una traducción gráfica o transposición puramente intelectual, algo sin alma, y por ende sin valor estético. Pero el símbolo en el lenguaje de nuestro artista nos lega el más preciado valor identitario», recalcó.

Gran legado

Juan Pablo Llort, hijo del artista, señaló que esta exposición es una remembranza de las obras más representativas y del sentir de su padre.

«El nombre proviene por la obra que se encontraba en la fachada de catedral que se llamaba “La armonía de mi pueblo”. En esta exposición hemos querido reunir el sentir de mi papá en cada una de las piezas que él hacía y seguimos su reproducción como Árbol de Dios en La Palma y en otros lugares de nuestro país», dijo.

Detalló que el sentir de su progenitor era transmitir la armonía de su pueblo y  que todo el mundo la viviera.

 «A mi papá, en su obra, le gustaba utilizar colores vivos para transmitir alegría, vida y esperanza […] Hay más piezas que forman parte del conjunto de obras que se están exponiendo en la sala del aeropuerto y que evidencian diversas técnicas y formas de representar el arte».

Consideró que al contar con una sala de exposiciones en el aeropuerto se garantiza que nacionales y extranjeros aprecien su arte, sobre todo que se continúa reproduciendo el gran legado que dejó, el cual «ya forma parte de nuestra identidad cultural».

«Como Árbol de Dios y familia queremos seguir con su legado, manteniéndolo vivo. Todo su arte, de alguna manera, se ve reflejado en diversos lugares y espacios de artesanías. Las personas cuando ven las obras de Fernando Llort, ven e identifican a El Salvador», dijo.

Confía en que las nuevas generaciones también serán influenciadas por las obras de su padre y espera que la prevalezca la armonía «en el país queremos construir».

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