La lexicografía de El Salvador en el siglo XIX fue incipiente y dispersa, con escasa producción formal de repertorios lexicográficos, pero con numerosas manifestaciones indirectas del léxico local en distintos tipos de textos. Este periodo puede considerarse como una etapa prelexicográfica, importante para sentar las bases de la lexicografía moderna que emergería en el siglo XX. Así puede demostrarse con la inclusión de un breve glosario al final de la obra «Estado general de la provincia de San Salvador: Reyno de Guatemala. Año 1807», de Antonio Gutiérrez y Ulloa, escrito en 1807, pero publicado en 1926. Esta especie de glosario contiene notas aclaratorias sobre medidas y otros elementos propios del contexto geográfico y temporal. 

Para el caso del español del país, uno de los pocos textos lexicográficos producidos en es «Apuntamientos sobre nuestro idioma», publicado en 1886 bajo la autoría de I. L. (aún se desconoce el nombre del autor). Este vocabulario presenta algunas características fundamentales: 1. Es un texto normativo y prescriptivista, así como muchos de los textos publicados en la época, 2. Es un texto que se inscribe a la propuesta de reforma ortográfica planteada por Andrés Bello, 3. No presenta definiciones, sino que recoge una forma incorrecta y la corrige a «la forma correcta». Otro texto fundamental es «Quicheísmos. Contribución al estudio del Folklore Americano» (1894), de Santiago Ignacio Barberena, que podría clasificarse como un diccionario etimológico, por las explicaciones y la información etimológica que ofrece en cada una de las acepciones. 

En el caso de las lenguas indígenas, algunos de estos repertorios lexicográficos, específicamente glosarios, están dentro de libros que americanistas escribieron sobre las lenguas indígenas. El primer caso, considerado el primer glosario bilingüe que ha sido localizado, es el de Karl Scherzer, quien registró 131 vocablos del náhuat en su texto «Sprachen der Indianer Central-Amerika» (1855) o «Lenguas de los indios de América Central» (la traducción es nuestra)

El segundo caso es el de E. G. Squier, quien en las páginas 351 y 352 de su libro «Notes of Central America; particularly the states of Honduras and San Salvador», publicado en 1858, registró un glosario de la lengua pipil hablada en la Costa del Bálsamo y en Izalco.

«I obtained a short vocabulary of the dialect now spoken on the Balsam Coast from one of the principal men of the village of Chiltiapam [sic], which falls within that district. I also obtained a few words from an Indian of the large town of Izalco, near Sonsonate. In both cases I adopted the Spanish orthography, and have not only given the sounds of the words as closely as it was possible for me to convey them, but also without any attempt to harmonize them with the Mexican». (Squier, 1858, pág. 350).

«Obtuve un breve vocabulario del dialecto que se habla actualmente en la Costa del Bálsamo de uno de los principales habitantes del pueblo de Chiltiapam [sic], que se encuentra en ese distrito (municipio). También obtuve algunas palabras de un indígena del gran pueblo de Izalco, cerca de Sonsonate. En ambos casos adopté la ortografía española y no solo he reproducido los sonidos de las palabras con la mayor fidelidad posible, sino que también he evitado cualquier intento de armonizarlos con el mexicano». (Squier, 1858, pág. 350) (la traducción es nuestra).

Para concluir, solo aclarar que esta recopilación no es definitiva, pues, deben existir muchos más textos que den cuenta de la lexicografía del país en el siglo XIX. No obstante, es evidente que esta lexicografía, aunque limitada y dispersa, ofrece valiosos indicios sobre el tratamiento del léxico y de las lenguas indígenas.

Los textos y los glosarios de la época revelan una etapa prelexicográfica que preparó el terreno para desarrollos posteriores. Así pues, estos aportes, aunque fragmentarios, constituyen antecedentes esenciales para iniciar una reconstrucción de la historia de la lexicografía de El Salvador.

Lee tambiénTeatro estudiantil: semillero de talentos