El calendario marca 2 de marzo de 2000. Estadio Mateo Flores, de Guatemala. Tarde soleada de verano. El Salvador, dirigido por Óscar Emigdio Benítez, visita a los del quetzal en el inicio del camino a Corea-Japón 2002. El Salvador juega de blanco y en una de las esquinas de su camisa está el escudo nacional, como detalle singular.
El equipo cuscatleco recibe un balón en el medio campo y se abre juego por la banda derecha para la llegada de Ronald Cerritos, quien manda un centro exacto a Raúl Díaz Arce, quien con frentazo sólido vence a Édgar Heladio «el Gato» Estrada, portero del equipo chapín en esta oportunidad. El estadio quedó paralizado con ese tanto del camisa 10 de la selección cuscatleca.
«Contra Guatemala siempre son partidos bastantes disputados, porque, quiérase o no, son dos selecciones que tienen cierta similitudes en cuestión de los jugadores. Son juegos cerrados. Recuerdo esa jugada en la que recibo por la banda. Siempre practicábamos con Díaz Arce ese tipo de movimientos y lo hablábamos antes de los partidos. Cuando yo tuviera el balón iba a levantar la cabeza de inmediato, porque Raúl era criminal dentro del área. Todo eso ya estaba practicado y hablado. Lo repetíamos hasta 30 veces con Raúl. Lo teníamos de memoria», dijo Cerritos, desde Estados Unidos, en charla con «Diario El Salvador».
Esos son recuerdos de aquel partido de 2000. Ahora, por la eliminatoria a Copa América, El Salvador y Guatemala se vuelven a ver en el estadio Doroteo Guamuch Flores, de la capital chapina.
Ahora, con otros actores, los dos planteles nacionales se vuelven a ver en cancha. Pero desde ya se presagia un partido luchado codo a codo y apretado.
«Insisto, los juegos contra Guatemala son apretados. Yo era un jugador más encarador y desde afuera mandaba el centro. Yo ya había visto a Guatemala para el juego del 2000. Le dije a Díaz Arce que con solo recibir el balón hiciera su movimiento, porque la pelota le iba a llegar y gracias a Dios le llegó», recordó Cerritos, quien tuvo un paso prolongado por la MLS.






