De Jorge Mágico González se han dicho muchas cosas. Algunas de las historias que se cuentan sobre el futbolista más talentoso de la historia de El Salvador aseguran que era amante de la vida bohemia y entregado a la bebida.

Pero, para el fotógrafo de Cádiz, Joaquín «Kiki» Hernández, un profesional de la imagen con décadas de experiencia y quien fue asignado a fotografiar a Mágico González durante su paso por Cádiz, el futbolista salvadoreño no era un hombre bebedor, pero sí un futbolista capaz de destilar magia en el campo, pero también de quedarse dormido y llegar tarde a los entrenamientos. 

«Mágico no era bebedor, me gustaría dejar claro que se trata de quererle bajar su calidad personal, lo he conocido. Lo que sí es cierto que se quedaba dormido y llegaba tarde al entrenamiento, pero bueno, él tenía que descansar y eso no está mal», comentó Hernández este viernes durante una entrevista en el programa «La Tribu».

El fotógrafo señaló que, durante toda una década, su trabajo fue captar en imágenes el día a día de la figura de Mágico González, por lo que logró entablar una buena y cordial relación con él, además de tener un panorama claro sobre la personalidad de González, a la que describe como un tipo empático y de alma noble.

«Durante 10 años que lo cubrí, la marca del Mágico vendía y en el fútbol era un genio, pero en la parte personal hasta ayudaba a utileros del equipo y recogía conos. Yo lo vi haciendo eso», comentó Hernández.

«Si te detienes a platicar con Mágico González, se va a estar contigo el tiempo que sea necesario, nunca fue una persona estirada. Yo le preguntaba por las noticias que se veían de El Salvador y hasta lo fotografié de rey mago y de torero», agregó.

Hernández también señaló que «había que entender un poco su personalidad, yo iba al entrenamiento y le decía que quería hacerle fotos después, decía que sí, pero había que tenerlo bien agarrado para hacerlo y llevarlo en el carro».

«Al principio nunca me imaginé que estaba a punto de retratar a un genio», destacó también Hernández, señalando en la calidad deportiva de Mágico González y en su calidad como persona y como ser humano.

«Él llegó a España en 1982 y creo que el Mágico encontró en el gaditano la horma de su zapato, creo que ahí se sintió muy cercano y querido. Aunque hay generaciones que no lo vieron jugar, se ha heredado esa admiración de padres a hijos», añadió.

La influencia de Mágico González en Cádiz ha trascendido al punto que, según comenta Hernández, «hubo un grupo de aficionados que pensaron que había que cambiarle el nombre al estadio a Mágico González, pero no triunfó porque a lo mejor pensaban que debía ser de uno de los jugadores gaditanos, que también hemos tenido muy buenos».

«De 1982 a 1991, que fue la época que estuvo en Cádiz, los de Panini me solicitaban muchas fotos del Mágico. Respecto al tema de fotos durante los partidos con el Mágico, la media en un partido eran de 4 a 5 rollos, de 36 cuadros cada uno, luego revelarlo, había que correr a la redacción, para a la mañana siguiente estuviera el periódico en la calle. Los lunes por la mañana, el Mágico siempre tenía un apartado en la cobertura del periódico», comentó también.

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