La digitalización de la vida dis­paró la demanda global de ingenieros de software, desa­rrolladores y programadores, una tendencia que terminó de afianzarse con la pandemia.

Ahora la escasez general de estos profesionales es «enorme», subraya Diego Bertolini, director de Recursos Humanos en la agencia de mercadeo digital Raccoon.Monks.

«Para captarlos, empresas interna­cionales están siendo extremadamen­te agresivas en términos de salarios y beneficios, lo que supone un gran desafío para la región», dice a la AFP.

Este apetito reconfiguró el merca­do laboral al difuminar las fronteras tradicionales e incorporar cada vez más la contratación remota.

El resultado de esta ecuación: al terminar 2022 habrá un déficit de 48 % de mano de obra digital para satisfacer la demanda de Latinoamérica, según la consultora internacional PageGroup, especializada en la selección de talento.

El impacto económico de la pan­demia se tradujo en la devaluación de las divisas latinoamericanas, lo que les sumó atractivo a las ofertas extranjeras.

Trabajar en casa a cambio de dóla­res o euros se volvió más conveniente que irse y permite a las compañías «de fuera» ahorrar costos.

«A todos nos conviene: a mí me conviene, a ellos les conviene. Yo estoy feliz, ellos están felices», lanza la boliviana Adriana Zegarra (44), programadora autodidacta que tra­baja para una empresa canadiense sin moverse de su casa frente al nevado Illimani, de La Paz.

«Los contratos para consultores internacionales para mi puesto son de entre $2,000 y 3,000 mensuales, explica a la AFP. «¡Aquí hay ministros que ganan eso!».

«Una empresa boliviana para lo mismo me pagaría tres veces menos», añade. Las grandes perdedoras son miles de pequeñas y medianas «star­tups» que pujan por nacer o crecer en la región y chocan con la dificul­tad de conseguir o retener personal.

Es el caso de John Montevilla (39), amigo de Zegarra y emprendedor en tecnología. Quiso abrir una platafor­ma de anuncios del estilo de OLX y Mercado Libre para el mercado boli­viano, pero la aplicación «nunca pudo ver la luz».

«Cuando tocaba invertir en marke­ting, ya los fondos se nos habían ido en los sueldos por buscar ser competitivos con lo que ofrecen empresas similares en mercados más importantes», cuenta.

Ante esta realidad, firmas de Latinoamérica emergentes o consoli­dadas optan a menudo por capacitar trabajadores, algunos con poca o nin­guna experiencia previa.

«Se hace un gran esfuerzo interno para que lleguen a lo que necesita­mos, pero mientras los estamos entre­nando y quedan preparados, llega una propuesta mejor. No lo piensan dos veces antes de aceptar», explica Bertolini.

EN BUSCA DE HABILIDADES

Un ejemplo de esta dinámica es el uruguayo Guzmán Freigedo (31), que acaba de ser fichado por la firma holandesa Picnic, un super­mercado en línea como «network engineer».

«En mi anterior empresa pre­cisaban a alguien más sénior y con más experiencia, y prácticamente el primer año me entrenaron para todo lo que tuve que hacer después», cuenta. Tres años después se fue.

En Ámsterdam ganará entre tres y cuatro veces lo que ganaba en Montevideo. Pero aclara a la AFP que no se va por un tema económi­co, sino para tener otra experiencia y trabajar con grupos más interna­cionales.

En Uruguay, el sector tiene una demanda no atendida de 5,000 téc­nicos, un número que aumentó en el último tiempo, comenta a la AFP Matías Boix, vicepresidente de la Comisión People Talent de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información.

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