Fueron tiempos difíciles los que vivió Apastepeque, en San Vicente Norte. Por años fue uno de los tres municipios, ahora distritos, que más hechos violentos y criminalidad reportó en este departamento, una situación que, si bien se daba en menor escala en la zona urbana, alcanzaba a toda la localidad.

Sin embargo, desde que el Gobierno del presidente Nayib Bukele impulsa las estrategias de seguridad que han llevado paz y tranquilidad a las familias, los apastepecanos aseguran que todo ha cambiado y les ha permitido tomar un nuevo impulso en las diferentes actividades que desarrollan con esperanza.

Y es que la convivencia con los encuentros de la juventud, salir por las tardes y las noches; los emprendimientos, principalmente de alimentos; la promoción del arte, el deporte, la educación y cultura se viven como nunca en la ciudad y en los cantones y caseríos.

«A veces uno quisiera olvidar todo, pensar que fue una pesadilla, pues cuando no había una mala noticia [de asesinatos o de enfrentamientos] era raro; pero hoy es diferente, en los últimos años hemos visto la diferencia, vivimos tranquilos, sin temor a que nuestros hijos o familias puedan ser dañados, por eso creo que la seguridad que nos ha traído nuestro Gobierno es lo mejor que nos ha pasado», manifestó Edilberto Cañas.

Apastepeque destaca entre la devoción y la religiosidad, el arte, la cultura, las bellezas naturales; conocida también como la tierra de escultores y pintores, profesores y odontólogos, aunque todas esas fortalezas quedaban opacadas hace años por lo que vivieron.

«Estamos trabajando con la Liga de Valores y Oportunidades con el Indes [Instituto Nacional de los Deportes] y el Ministerio de Educación. Se les inculca valores, y buscamos formar ciudadanos de bien […], porque gracias a Dios hay oportunidades, hay inclusión de género; y les digo que hay dicha por los espacios que tienen, porque en aquellos tiempos de nosotros no había esas oportunidades», manifestó Ricardo Ernesto García Ramos, jefe de Deportes de la alcaldía de San Vicente Norte.

García fue parte del Club Deportivo Audaz, de Apastepeque, en tercera y segunda división; y cuenta que fue víctima junto con su familia de los pandilleros; sin embargo, dice que «ahora todo es diferente, uno llega a una comunidad y como que está en su casa. Recuerdo que antes era difícil […], tengo anécdotas», manifiesta.

Asimismo, en la casa de encuentro juvenil, los chicos aprenden floristería, dibujo, pintura, piñatería, y también se brindan círculos de la primera infancia. Actualmente, los niños y jóvenes reciben clases de japonés impartidas por Haruna Fukuoka, voluntaria de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), quien cuenta que «ellos [los participantes] ya pueden hablar y entender el idioma».

LA TRANQUILIDAD EN LOS CANTONES

Asimismo, el ambiente de los cantones de Apastepeque es ahora distinto. San Felipe, ubicado a pocos metros de la carretera Panamericana, fue uno de los cantones que más hechos delictivos reportaba. Faltaban cinco minutos para las 5 de la tarde del pasado miércoles, y Pablo Reyes lanzaba el primer cohete de vara para anunciar que la misa estaba por iniciar en el caserío El Calvario. Los lugareños comenzaron a llegar a la pequeña iglesia, que ocupan de forma improvisada mientras terminan el templo principal que está a la par.

Mientras esto ocurría, las jóvenes Flor y Milagro estaban listas con sus antojitos típicos, que ofrecen todas las tardes frente a la iglesia, que tiene como patrono a san Felipe de Jesús.

Este tipo de emprendimientos se encuentran en la calle principal del cantón hacia San Lázaro y San Pedro, uno de los accesos a dichos cantones que comprenden 17 caseríos y una población de más de 10,000 habitantes. La mayoría de estos negocios han sido creados recientemente, ya que no hay miedo a la extorsión u otro tipo de violencia.

«Mi mamá tenía una tiendita con poquitas cosas y cuando hablábamos sobre lo que pasaba en el cantón me decía: “¿Pero qué podemos hacer nosotros?”. Ella ya falleció y no vio esto, los cambios que hay. Pero hoy gracias a Dios vivimos libres de eso, uno manda los niños a la escuela sin preocupación», relata Jessenia Portillo.

Los encuentros cantonales de equipos de fútbol eran menos frecuentes en la zona o para salir a otros lugares del municipio, por el riesgo de las disputas de territorios por las pandillas.

«Antes no venían mucho por miedo o problemas con los demás bichos, incluso hubo tiempo que la cerraba. Hoy los jóvenes vienen a jugar, a distraerse y a veces se van a las 11 de la noche. A mí me toca irme a esa hora también, y me voy por la calle principal sin miedo; de hecho, encuentro patrullajes [de policías y soldados], se siente seguro uno, cuando antes no era así, daba escalofríos», menciona Marta Paiz, responsable de la cancha sintética de San Felipe.

Las masacres, los enfrentamientos, las extorsiones, el acoso, la zozobra y las fosas clandestinas son parte del pasado en Apastepeque, y pensar en regresar a esa realidad es agobiante, aseguran los residentes que esperan nunca más vivirla.

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