Belén de León, autora del libro «Crónicas de El Salvador», destacó durante una entrevista con «Diario El Salvador» las transformaciones que ha tenido el país, principalmente en seguridad, tema que aborda en su producción literaria. Además, resalta la determinación del presidente Nayib Bukele para enfrentar a las pandillas y devolver la tranquilidad a los ciudadanos, momentos de la vida nacional que han sido documentados por la escritora.
¿Cuál es la impresión que tiene del país y cómo ha sido la aceptación del libro?
Estos días han superado todo lo que podía haber imaginado. El libro apenas tiene dos meses de publicado en España. En principio venía a un viaje privado para estar con amistades y se ha ido desarrollando de tal manera que he tenido la oportunidad de presentar aquí el libro, y no solamente eso, sino que me han cubierto medios. Me siento bendecida y acogida por el país como mucho cariño.
¿Qué podemos encontrar en esta obra?
Sentí que la información que estaba llegando a Europa tenía vacíos que no permitían comprender a la perfección lo que era el país. Comprendí que faltaba contexto, creo que es la mayor dificultad para los medios internacionales, documentar qué es lo que está sucediendo en su verdadera dimensión, la transformación. Decidí que era importante documentar la historia reciente, mi tiempo viviendo aquí y el vínculo aún después de haberlo dejado. El país me brindó la oportunidad y no fui consciente hasta que vi esta transformación gigante en 2022, aunque ya estaba advirtiendo el fenómeno desde 2019. Nadie me hacía caso, pero me fijaba porque El Salvador había sido mi casa. El país llegó a un punto límite que necesitaba políticas de urgencia, decidí documentarlo y explicarlo porque miraba una verdad parcial que englobaba una realidad.
¿Consideró necesario dar a conocer en su libro estas transformaciones?
Si no se contextualiza es muy complicado entender la labor titánica del Gobierno. El presidente [Nayib Bukele] ha sido el detonante o la llave que ha permitido una serie de transformaciones titánicas, pero para que esa llave gire se necesita de mecanismos que funcionen, y ese es el verdadero músculo que se hizo en Casa Presidencial. El presidente fue quien realizó el trabajo más inspirador, porque consiguió algo extraordinario: cohesionar gentes que por décadas votaron en direcciones opuestas y que tenían una lectura del país diferente; logró encontrar el punto común en la seguridad.
A partir de sus vivencias, ¿en qué momento surgieron estos cambios?
Creo que el detonante, incluso internacional, es cuando se pone la mirada en El Salvador en 2022, que inicia la guerra contra las pandillas y que es evidente que el Gobierno ha ganado porque ya no corre sangre en las calles. Ese es el momento en que los medios y analistas internacionales empiezan a mirar a El Salvador. El contraste es fuerte, porque se empieza a ver a la población haciendo actividades que para los europeos suelen pasar invisibles por habituales y rutinarias.
¿Qué lugares ha visitado del país?
Tuve la oportunidad de disfrutar un paseo precioso por el Centro Histórico [de San Salvador], donde curiosamente estuve este mes, pero hace un año en un viaje privado con amigos, y en un año vi el cambio. Ver a la gente caminando, dueña de su tiempo y su espacio, los niños corriendo con sus bicicletas sin mirar atrás, era fascinante, y me sentí emocionada; podía entender cómo estaban y todo eso lo quería transmitir, pero en sentido verídico, no estético. Los niños no podían ir a las escuelas porque eran nidos de pandilleros que extorsionaban; se empezaba a enseñar el país como un país de números, pero en Excel no entra el temor de una madre pensando si su niño va a volver de la escuela o le van a llamar diciendo que lo han encontrado en la zanja. Yo quería hablar de eso, de esa dualidad, no tanto de la política.
¿A quién va dirigida la publicación?
Hay mucha hambre de conocimiento de El Salvador en Europa, la gente quiere saber y conocer. Llega un momento en que hay tanta información por redes sociales que hay pérdida de percepciones y conocimiento de qué sucede. Mi principal destinatario es el europeo, no en vano en un par de meses va a estar traducido al inglés y al francés. Pero, curiosamente, hubo una explosión de la diáspora salvadoreña que empezó a ponerse en contacto conmigo, me estaban comprando el libro y se sentían muy identificados con lo que estaba contando.
¿Cómo se percibe que El Salvador dejó de ser el país más violento del mundo?
Cuesta entenderlo. Había un hueco informativo, falta de información que podía ayudar a entender un cambio tan drástico, porque ha sido en muy poco tiempo. El Salvador no se ha parado a curar sus heridas, las está curando y a la vez está proyectándose a largo plazo. No sabía qué iba a suceder, pero me he convertido en un puente que está explicando cómo se está percibiendo, qué es lo que les falta para tomar con más tranquilidad opiniones, análisis y que miren los resultados con una mirada pausada.
¿Habrá una segunda parte de «Crónicas de El Salvador»?
Curiosamente me lo están demandando, y apenas lleva dos meses en venta; a lo mejor es un poco rápido, pero me parece que sí va hacia esa dirección. Veo tantos cambios que merece la pena seguir documentando.






