La desaparición forzada de niños y niñas ha sido uno de los hechos más inhumanos que se cometió durante el conflicto armado en El Salvador y que afectó a un estimado de más de 1,000 familias salvadoreñas. Entre ellos está el caso del Gustav Ever, quien tras ser arrebatado de su madre biológica logró reencontrarse con ella 43 años después.
La organización Pro-búsqueda dijo que Ever fue arrebatado de las manos de su madre biológica, por una enfermera del Hospital de Maternidad, el día que nació, en 1978. «La madre biológica recuerda que una enfermera se llevó al bebé para limpiarlo y cuando regresó, le dio un papel que decía el nombre con el que debía asentar al niño en la alcaldía de San Salvador», explicó la organización.
Su madre biológica asentó al niño, sin embargo, nunca más supo nada de él.
Luego de más de 40 años, el joven, con el deseo de conocer a su familia, contactó con las autoridades suecas en El Salvador y explicó que él había sido adoptado desde El Salvador cuando tenía dos meses de nacido.

Pro-Búsqueda inició el proceso en 2018, «realizando diferentes gestiones investigativas en las que incluye: enviar un kit de ADN para el joven tome su muestra, mediante el proceso de investigación se ubica a la familia».
El pasado 11 de agosto, Ever pudo reencontrarse con su madre y demás familia. Este caso se suma a los 451 casos que esa organización ha logrado resolver, el 85% de personas han sido localizadas con vida.
Durante el conflicto armado que vivió El Salvador entre 1980 y 1992 se perpetraron más de 75,000 muertes, entre ellos, se considera que un 80% eran de la sociedad civil. Además, hubo unos 30,000 desaparecidos [estimado], incluyendo a niños y niñas que fueron arrebatados a sus padres o porque se fingieron adopciones.
«La investigación realizada por Pro-Búsqueda identificó que a inicios del conflicto armado había una organización en El Salvador que se encargaba de buscar a mujeres embarazadas que vivieran situación difícil familiar y económica, a quienes ofrecían ayudarles, pero de esta manera las comprometían y posteriormente las obligaban a entregar a sus hijos/as o se los quitaban», detalló la organización.
El fenómeno de la desaparición forzada era parte de la estrategia militar con lo que pretendían desarticular y destruir poblaciones consideradas como «base social de la guerrilla». De acuerdo a las investigaciones hechas por la oenegé y que están plasmadas en su sitio web, existen más de 880 infantes reportados a la organización como desaparecidos.
De los casos registrados, se deduce a los militares y cuerpos de seguridad, como la responsable de desaparición forzada del 90% de los casos. Por su parte a la guerrilla se le atribuye el 10% de los casos. La mayor parte de las desapariciones se efectuaron entre 1980 a 1984 cuando el ejército lanzaba los más fuertes operativos militares especialmente en las zonas rurales.
Los departamentos con más reportes de infantes desaparecidos son: Chalatenango, San Vicente, San Salvador, Morazán y Cabañas.
Instituciones que trabajan en la búsqueda de estos niños aseguran que todos tuvieron distintos paraderos, algunos llegaron a orfanatos mientras que otros fueron llevados a bases militares donde fueron adoptados por extranjeros e incluso por familias salvadoreñas.






