Desde junio de 2019 cuando el presidente Nayib Bukele asumió su primer gobierno, el país dejó atrás un pasado plagado de terrorismo, inicialmente con los 12 años de guerra civil entre la cúpula de la derecha contra el FMLN y luego los 30 años bajo el acecho de las diferentes estructuras de maras que con ayuda de los gobiernos de turno controlaron diversos territorios.
Esos grupos de pandillas se nutrieron de los modelos de esas administraciones para, cada vez, perfeccionar sus ataques terroristas contra la población honrada.
Casos como el asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero, de Antonio Rodriguez Porth, del expresidente de la Corte Suprema de Justicia, Francisco José Guerrero; la masacre de los Jesuitas, la de los marines estadounidenses en la Zona Rosa y ocho civiles, el caso Fenastras; el asesinato del defensor de derechos humanos, Herbert Anaya Sanabria, las conspiraciones del terrorista Luis Posada Carriles que encontró cobijo en funcionarios de derecha salvadoreña por varios años, entre muchos hechos dan cuenta de los crímenes cometidos tanto por la derecha como por la izquierda nacional.
Tras 12 años de conflicto armado se dieron los «Acuerdos de Paz», en los que los grupos se repartieron el poder, velaron por sus propios intereses, agudizaron la corrupción, profundizaron la pobreza y legaron el terrorismo a las maras.
En reiteradas ocasiones el presidente Bukele ha manifestado que los defensores de los mal llamados «Acuerdos de Paz», cada vez se superan a ellos mismos al poner imágenes de las víctimas «que ellos mataron, a las que ellos dispararon, a quienes ellos torturaron, para luego ensalzarse ellos mismos por detenerse».
«La paz no se consigue firmando acuerdos entre corruptos, repartiéndose el poder entre asesinos. La paz se construye con trabajo, con sudor, con esfuerzo y con la valentía que tienen ustedes y sus hermanos policías. Deben tener algo que se indica que uno es parte de algo más que es uno mismo y que vale la pena arriesgar la vida, por eso que es más importante que uno mismo», afirmó en una oportunidad el mandatario.
En otra ocasión, Bukele dijo, «y no, no se confundan, destapar la farsa de los “acuerdos de paz” no es negar a las víctimas, al contrario. Los asesinados, lisiados, desmembrados, violados y expulsados de nuestro país, por ellos (derecha e izquierda) antes y después de los “ACUERDOS”, solo prueban el punto».
Luego de la guerra civil vino el periodo de la «paz» en la que gobernaron ARENA y el FMLN, su inacción provocó un crecimiento exponencial de las pandillas que asesinaron alrededor de 120,000 salvadoreños y generaron la zozobra como la masacre de Mejicanos y el asesinato de 11 trabajadores en San Juan Opico, entre otros casos.
Ese oscuro pasado terminó y desde junio de 2019 la población comenzó a disfrutar la tranquilidad con los primeros resultados de la puesta en marcha del Plan Control Territorial (PCT). Luego, el gobierno comenzó el combate frontal a los grupos terroristas y hasta construyó una mega cárcel especial para que sean confinados lejos de la población.
La administración Bukele es la primera, tras la postguerra, que está respondiendo de forma directa a las demandas de la población. Con el PCT, el gobierno bajó las cifras de homicidios y la criminalidad que mantuvieron en zozobra a la población durante décadas.
Gracias a la exitosa estrategia de seguridad, se ha controlado la inseguridad y paralelo a ello, se implementa la recuperación del tejido social, con la generación de oportunidades para los jóvenes, quienes fueron estigmatizados y excluidos por los gobiernos anteriores.
Algunos hechos del terrorismo de la izquierda y la derecha:
Antonio Rodríguez Porth

El exministro de la Presidencia, José Antonio Rodríguez Porth, fue asesinado por guerrilleros del FMLN, el 9 de junio de 1989, a solo ocho días de haber asumido el cargo. Fue acribillado con fusil AK-47 junto a su guardaespaldas Benjamín Pérez y su motorista, Juan Gilberto Clará Carranza.
Herbert Anaya Sanabria

Herbert Ernesto Anaya Sanabria, dirigente de la Comisión de Derechos Humanos (no gubernamental) fue asesinado a balazos el 26 de octubre de 1987 en el parque de su residencial en San Salvador. Fue acribillado por los Escuadrones de la Muerte.
Monseñor Óscar Arnulfo Romero

El 24 de marzo de 1980, Monseñor Oscar Arnulfo Romero es asesinado por un francotirador mientras oficiaba misa en la capilla del hospital la Divina Providencia.
La Comisión de la Verdad determinoó que existe plena evidencia de que: el ex mayor Roberto D`Aubuisson dio la orden de asesinar al entonces arzobispo de San Salvador.
Masacre de los Jesuitas

El 16 de noviembre de 1989, seis sacerdotes Jesuitas, su empleada y la hija fueron brutalmente asesinados en el campus de la UCA. Un equipo élite del ejército salvadoreño llevó a cabo el múltiple crimen en el marco de una ofensiva guerrillera lanzada por el FMLN.
Masacre de la Zona Rosa (1985)

El 19 de junio, con el objetivo de asesinar a cuatro marines de EE.UU., guerrilleros del PRTC-FMLN a bordo de dos vehículos, vestidos con equipo de guerra, se bajaron para asesinar con fuego de fusiles a 12 personas; ocho civiles y cuatro pilotos estadounidenses. Todas las víctimas estaban departiendo en diversos restaurantes de la Zona Rosa.
Masacre de Mejicanos

El 20 de junio de 2010, terroristas de la pandilla 18 acabaron con la vida de 17 personas que viajaban en un microbús de la Ruta 47, otras 15 víctimas resultaron lesionadas. El ataque fue perpetrado en la colonia Jardín, en Mejicanos. El pandillero, Carlos Oswaldo Alvarado, fue uno de los que incendió el microbús para vengar el asesinato del «Crayola», un marero.
Raúl Ernesto Cruz León y las bombas de La Habana
En 1997, el terrorista Luis Posada Carriles (autor intelectual) junto con los salvadoreños, Jesús Chávez Abarca, Raúl Ernesto Cruz León y Otto Rodríguez Llerena, ejecutaron una serie de atentados con bombas en varios hoteles en La Habana, Cuba. José Ramón Sanfeliú Rivera, entonces gerente del taller Moldtrok y ligado al partido ARENA, sirvió de enlace, según la revista «Rebelión».






