Toda acción tiene su respectiva reacción, este es un principio básico, una ley física universal. Todas las filosofías y religiones comparten esta verdad: haz a tu prójimo lo que quieres que él haga por ti. 

La humanidad, a lo largo de su historia, ha sido testigo de la realización de esta realidad, inmutable e implacable, similar a la ley de la gravedad. 

Cuando una persona se dedica en su vida a realizar buenas acciones, estas se le revierten; también sucede cuando es lo contrario, el adagio popular nos dice: el que la hace la paga y con la cuarta más. 

Durante los primeros 200 años de nuestra vida republicana un reducido grupo tomó el poder político, económico y militar subyugando y explotando a la inmensa mayoría, negándole el acceso a los más básicos derechos, la educación y la salud, apropiándose de los medios de producción a través de leyes que concentraron ese poder económico; fue una explotación sin precedentes. En los últimos 50 años, este proceso se intensificó y se corrompió de tal forma que 200,000 salvadoreños perdieron la vida de forma violenta, producto de esa exacerbada corrupción. 

El malévolo pacto entre corruptos y asesinos abanderados por grupos de mafiosos, ARENA/FMLN/terroristas y sus adláteres propició las condiciones sociohistóricas para el holocausto salvadoreño, donde miles de familias perdieron a sus seres queridos, donde fueron confinados a guetos dominados por terroristas que ejercían el control territorial, donde eran exterminados y extorsionados en complicidad con los que ostentaban el poder, a través de pactos e impunidad. Estos a su vez se repartían el botín y se daban vida de reyes, viajando, bebiendo licores finos con grandes viandas dignas de jeques árabes, construyéndose mansiones, creyendo que ese despilfarro y esa corrupción nunca terminarían. Pero la ley se cumplió y hubo una reacción, quedaron pulverizados, eliminados, los únicos que no han alcanzado a comprender son un grupúsculo de seudodirigentes que sueñan con su glorioso pasado, lleno de sangre. 

La mayoría del pueblo honrado, trabajador, honesto, logró el poder a partir de 2019 y los eliminó, ahora viene el proceso de resarcir el daño causado. Las instancias correspondientes tienen la obligación de perseguir a estos responsables del holocausto salvadoreño, estén donde estén. Se propone la creación del Tribunal Histórico de la Verdad, que recoja los testimonios y pruebas de esos miles de salvadoreños que sufrieron esas atrocidades para que no quede en el olvido y se haga justicia. 

Estamos en el camino correcto de la historia, este proceso es irreversible, estamos logrando la paz, la libertad y la seguridad, ahora vamos por la justicia, no es un camino fácil, pero con buena voluntad, inteligencia y perseverancia lograremos una paz con justicia para todos. Los asesinos materiales pagarán acá su pena, los asesinos intelectuales deben tener el mismo destino, un repudio total a esos grupos que los encubren y justifican. No nos confundamos, a los que hay que responder sobre sus derechos es a la población honrada no a los terroristas. 

De cientos de miles de testimonios de salvadoreños honrados escogí uno por su impactante desarrollo. Les narraré escuetamente un testimonio que escuché de una honrada salvadoreña: su niña pequeña de 13 años salió de su casa a jugar al parque con una amiguita, luego de un tiempo ella y su vecina preocupadas salieron a buscarlas; lo que a continuación vivieron fue algo dantesco: unos pandilleros terroristas envalentonados por el alcohol y drogas violaron en grupo y repetidas veces a sus dos pequeñas princesas indefensas. Luego de asesinarlas y decapitarlas, jugaron un partido de fútbol entre ellos con las cabezas de sus víctimas e hicieron alarde de su fechoría en videos y fotos. Así como ese, existen miles de testimonios de hombres y mujeres trabajadores, propietarios de pequeños negocios, estudiantes, niños y adultos mayores que cayeron víctimas de estos asesinos. 

A esos medios que, con argumentos falaces tergiversan la realidad, les llegará su día, son hipócritas y cómplices. La reacción ya comenzó, esto no es venganza, es justicia. Solo pedimos que se cumpla la ley. 

Cada acción tiene su reacción, en nuestro amado El Salvador ese proceso ya comenzó. 

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