El Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirmó que en las elecciones de febrero del próximo año los salvadoreños podrán escoger al nuevo presidente de la república entre seis opciones: Nayib Bukele (Nuevas Ideas), Joel Sánchez (ARENA), Luis Parada (Nuestro Tiempo), Manuel Flores (FMLN), Javier Renderos (Fuerza Solidaria) y Marina Murillo (Fraternidad Patriota Salvadoreña). Una séptima candidatura, la de José Cardoza, del Partido Independiente Salvadoreño (PAIS), no cumplió con los requisitos que la ley exige.
Los sondeos de opinión de todas las casas encuestadoras coinciden en que el presidente Bukele encabeza las preferencias electorales. El último estudio de CID Gallup reveló que el candidato de Nuevas Ideas ganaría con el 93 % de los votos válidos, lo que marcaría un hito en la historia salvadoreña.
Lo que ahora hay es un panorama muy amplio en la oferta electoral donde los salvadoreños tendrán para escoger; desde ofertas de la tradicional derecha e izquierda, pasando por partidos afines al pensamiento «woke», incluso la primera participación de un partido político. El espectro ideológico está plenamente representado en estos seis candidatos y muestra el vigoroso estado de la democracia en El Salvador.
El TSE se ha erigido como un juez ecuánime en el proceso electoral al respetar los plazos y las normativas legales, tanto el Código Electoral como las sentencias de la Corte Suprema de Justicia, y al responder a los recursos presentados por los partidos políticos en contienda. De hecho, diversos sectores y agrupaciones de la oposición presentaron una docena de escritos para rechazar la candidatura de Nayib Bukele, pero el TSE los desestimó.
Todos los candidatos tienen sus seguidores y los medios de comunicación son libres de presentar sus ofertas políticas, criticar las que no les parecen e investigar lo que quieran, sin ninguna repercusión; aunque haya algunos activistas que se hacen pasar por periodistas y negocian pagos internacionales a cambio de mostrarse como mártires o perseguidos.
Los ciudadanos votarán de manera libre, secreta y directa en unas elecciones que serán observadas por diferentes organismos internacionales que darán fe de la transparencia del proceso. Y, por primera vez en la historia nacional, los salvadoreños en el exterior tendrán la oportunidad de elegir al presidente, un derecho que se les negó durante los anteriores gobiernos.
En esa jornada también se escogerá a los nuevos integrantes de la Asamblea Legislativa, a alcaldes y a los representantes de El Salvador ante el Parlamento Centroamericano. Serán las primeras elecciones en completa paz y tranquilidad tras el éxito de la guerra contra las pandillas.






