La democratización de la participación de los empresarios en las directivas de las autónomas abre la posibilidad para que más sectores tengan representación en instancias que determinan cómo se utiliza el dinero público. Hasta ahora, lo que habíamos tenido era la apropiación de la representación privada en manos de una asociación que dice representar a 53 gremiales, pero que en la práctica repite, como en un carrusel, a sus delegados en todas las instituciones en puestos que duran años y sin posibilidad alguna de que haya renovación, pues están en función de beneficiar a una pequeña argolla.
Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) es un título muy grande para un pequeño club de empresarios que toma las decisiones en nombre del «95 % del empresariado nacional», y fue muy claro en el comunicado divulgado ayer en redes sociales al lamentar quedar fuera de la participación de un presupuesto que calcula en $2,045 millones. Con una cifra así, es entendible su malestar, pero muy peligrosa su advertencia de que continuará «su esfuerzo por salvaguardar los espacios legítimamente conquistados», al mejor estilo de eslogan guerrillero de «lo conquistado no se entrega», por muy irónico que parezca. Sin embargo, es muy revelador, porque esos espacios «conquistados» habían sido asignados por el sistema imperante como una forma de garantizar a los grupos fácticos su control sobre las inversiones de fondos públicos.
Lo que en realidad hemos visto es que ese club había impuesto su presencia en instituciones públicas para tener un acceso privilegiado a información sobre proyectos y contratos, lo cual, a la larga, le favorece de manera exponencial y nuevamente vuelve entendible su queja por quedar fuera de esos más de $2,000 millones.
Las reformas en ningún caso dejarán a las autónomas sin representación empresarial; al contrario, hoy serán verdaderos empresarios los que participen, no empleados del club de millonarios que dirige la ANEP.
Ahora, sin embargo, son otros tiempos. Habrá una posibilidad de que empresarios de todas las áreas que habían estado marginados por las cúpulas tengan las mismas posibilidades de representar al sector y tener mayor diversidad de opiniones en el interior de las directivas.
El papel de la actual junta directiva de la ANEP es tan dañino que incluso el grupo empresarial del que proviene el presidente de esta institución anunció, con un comunicado publicado en sus medios de propaganda, su desvinculación «de las actividades de política partidaria» de cualquier miembro de la familia, «incluyendo las opiniones y acciones de don Javier Simán».






