Durante una conferencia de prensa, el secretario general del FMLN, Manuel Flores, se quejó de sus correligionarios, de sus predecesores al frente del partido de izquierda, por la mala gestión que hicieron no solo del país, sino también del patrimonio y de los fondos de la organización.
Esta mala gestión, que fue evidente en el Gobierno Central, se extendió a la administración del FMLN, al punto que para poder indemnizar a los empleados que tenían (que eran muchos porque el partido se había convertido —al igual que lo hizo en los ministerios— en una «fábrica de empleos», no porque produjeran algo, sino porque daba salario a activistas) ha tenido que recurrir a vender los locales en donde se reunían.
«El FMLN está en un proceso de reingeniería, en recomposición. ¿Algunos no lo entienden? No, porque muchos estuvieron acostumbrados a ser, sencillamente, mantenidos por el partido.
Lo digo con categoría: he heredado los problemas de antes», dijo Flores, sin mencionar directamente a su predecesor, Óscar Ortiz, quien antes de ser vicepresidente de la república fue alcalde de Santa Tecla y diputado, todo justo después de desmovilizarse como comandante guerrillero.
Otro excomandante, Medardo González, fue el anterior secretario general del FMLN, que también fue diputado y ostentó muchos cargos internos en el Frente, sin que se le conozca otra actividad económica después del conflicto armado.
Los activistas que estaban incrustados en la administración pública fueron removidos debido a su nula actividad. Cabe decir que este comportamiento del FMLN fue una copia al calco de lo que hicieron antes las administraciones de ARENA, que llenaron de activistas las oficinas de Gobierno.
Empleados del partido, de hecho, figuraban como funcionarios, con sueldos en la Asamblea Legislativa, los ministerios o las alcaldías, pero que se dedicaban a hacer campaña en los territorios.
El presidente de ARENA, Carlos García, también ha reclamado a las anteriores administraciones las abultadas deudas que recibió. Al igual que el Frente, ARENA perdió los inmuebles que tenía a su nombre, grandes propiedades, con mucho terreno y construcción, gracias al constante desvío de fondos públicos.
En resumidas cuentas, desde el momento en que ARENA y el FMLN dejaron el poder empezaron a marchitarse.
Sin el dinero desviado del erario, los «grandes partidos» mostraron lo que verdaderamente eran: meros cascarones, sin una militancia comprometida. Solo activistas que, al perder su paga, se fueron, dejando tras de sí millonarias deudas.
DePalabra
El ocaso de la vieja política
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