Las revelaciones de las casas encuestadoras opositoras al Gobierno no dejan duda de que el país va por el rumbo correcto. El respaldo de la sociedad al presidente es demoledor. Tanto así que nadie piensa en tener otro liderazgo al frente del país. Eso se lee en los sondeos.

Decían que los números de CID Gallup no eran confiables. Se equivocaron. Esta institución ha acertado con las mediciones de Nayib Bukele desde que decidió participar en las elecciones presidenciales de 2019. Y los del poder fáctico lo sabían bien, por eso le «echaron el tractor», sin éxito.

A finales de enero, la UCA dio a conocer el sentir y pensar de los salvadoreños sobre lo sucedido en 2025. Estoy seguro de que esos números no los esperaban. Es que su instrumento de encuesta siempre es tendencioso con el objetivo de rebajar la labor presidencial. Lo demuestran cuando, con lágrimas en sus voces, presentan los resultados.

Recientemente, LPG Datos confirmó que Nayib no tiene contendiente. El pueblo, de forma arrolladora, le da su respaldo: 91.9 % de la sociedad aprueba la labor de su presidente. ¿Y qué decir sobre las medidas de seguridad que ha implementado? El 92.5 % las abraza y no está dispuesto a regresar al pasado sangriento.

Por más que los opositores se desgarren diciendo que solo por la seguridad Nayib mantiene alto respaldo, no consiguen engañar al pueblo. Lo que El Salvador está viviendo, en cuanto al desarrollo social y económico, es histórico. Veamos solo algunos puntos, de muchos.

Las inversiones privadas y públicas en infraestructura son impresionantes. El mercado inmobiliario salvadoreño está viviendo una etapa que, hace apenas unos años, pocos hubiéramos considerado posible. Nayib ha propiciado un cambio profundo en la forma en que se concibe, se desarrolla y se gestiona el mercado.

Según datos del Centro Nacional de Registros (CNR), el mercado in mobiliario creció 12 % en 2025, superando los $3,737 millones en transacciones, y desde 2020 acumula cerca de un 40 % de crecimiento. Estos cambios estructurales son profundos y están vinculados a la seguridad nacional, la inversión extranjera, la diáspora, el turismo y una creciente confianza interna, lo que refleja que las decisiones presidenciales son las acertadas.

«El Diario de Hoy» publicó ayer que «la industria de la construcción en El Salvador mantendrá su trayectoria de crecimiento sostenido y podría marcar un hito histórico en 2025, con una inversión estimada de entre $2,800 y $3,000 millones, impulsada tanto por la obra pública como por la privada».

Según declaraciones de José Velásquez, presidente de la Cámara Salvadoreña de la Construcción (Casalco), al mismo periódico, «el sector registra una expansión continua desde 2019 y para 2025 se prevé un crecimiento de la actividad que oscilaría entre el 25 % y el 30 %, a la espera de que los datos oficiales confirmen el cierre de este ciclo de expansión».

Además, estamos presenciando la más grande inversión en el sistema educativo, en infraestructura escolar, en tecnología y en la entrega de paquetes escolares completos y mejorados. Solo en laptops y tabletas para los 1.2 millones de estudiantes del sector público hay una inversión de $1,000 millones desde 2021.

A precio de mercado, cada paquete con laptop supera los $700. ¡Qué decir de los padres que tienen más de un hijo en escuelas! El alivio al bolsillo de las familias salvadoreñas es contundente, sin contar que muchos recibieron una quincena extra en enero.

En turismo, El Salvador registró entre enero y diciembre de 2025 la llegada de más de 4.1 millones de visitantes internacionales. Estos son números históricos, sobre todo porque nuestro país ha dado un giro positivo y ha permitido que no únicamente nos visiten de Estados Unidos, sino que de varias naciones del mundo.

Es de gran impacto, también, que la oferta turística en El Salvador se ha ampliado más allá de playa y surf, con el desarrollo de circuitos de montaña, volcanes, cascadas y pueblos, factores que inciden en el aumento anual. Hablamos de más de $3,500 millones en ingresos de divisas.

¿Qué más? El Salvador firmó un acuerdo comercial sobre aranceles con Estados Unidos, siendo el primero en el hemisferio occidental, con el que la nación norteamericana elimina el arancel del 10 % y así facilita el comercio recíproco.

Este acuerdo es un paso importante para profundizar nuestras alianzas estratégicas con nuestro principal socio comercial, consolidando la fuerte relación entre ambas naciones, y un paso histórico para abrir nuevos mercados y fortalecer nuestras exportaciones.

Sin duda, como país nos otorga mayores oportunidades para exportaciones, inversión y crecimiento económico, en un marco de cooperación recíproca que también contempla facilidades comerciales para Estados Unidos y compromisos en propiedad intelectual y comercio digital. Es decir, como país tendremos más ventajas competitivas que las naciones que no tienen un acuerdo con Estados Unidos.

El impacto será brutal en cuanto a exportaciones, atracción de inversiones, competitividad, generación de empleos y dinamismo económico. Es por eso que las gremiales han aplaudido y agradecido públicamente este acuerdo.

¿Podía lograrse todo esto sin seguridad? ¿Era posible cuando las maras y pandillas mandaban en nuestro país, cuando los políticos de ARENA, FMLN y Rodolfo Párker eran sus mascotas? ¿Era posible cuando la política pública del FMLN era la maldita «tregua»?

Es el pueblo salvadoreño el que le otorga la alta calificación al presi dente Bukele, no solo por la seguridad, sino también por todas las medidas que está tomando para acelerar el desarrollo económico y social.

Como muchas personas lo han expresado, si el presidente tuvo los pantalones para derrotar a los grupos criminales y devolverle la seguridad, la verdadera paz y la verdadera libertad a más de 6 millones de salvadoreños inocentes, honrados y trabajadores, también logrará grandes cosas con el tema económico, su principal apuesta en este segundo mandato legal y legítimo otorgado por su pueblo y la comunidad internacional.

Atrás quedó la rueda de caballitos de gobiernos areneros y efemelenistas con sus políticas de terror, odio, sangre, luto y dolor. Son parte de la historia asesina de El Salvador.

Es que las mismas encuestas revelan que estos partidos políticos, junto con todos sus aliados opositores —plumíferos, ONG nacionales e internacionales, religiosos como el señor Vega, «abogánster», «sicolocos»— representan, apenas, el 1.8 %.

Como bien dijo Nayib: «¿O sea que ahora son el 1.8 %?». Es que encuestas de años anteriores afirmaba que la oposición hacia el presidente era del 3 %. ¿Qué pasó?

Aun así, el binomio tricolor y rojo deambula creyendo que está vivo. Pena dan las conferencias del Chino, así como los exabruptos de Marcela y Lira en la Asamblea Legislativa. No se quedan atrás los plumíferos «in cómodos» y apologistas, quienes siguen escribiendo para ellos mismos, porque ni sus madres les creen. Bueno, Soros, sí.

Es que, érase una vez… un país libre para criminales y cárcel para los inocentes. Érase una vez… un Estado de terror.