El pasado 15 de septiembre de 2024 el presidente de la república, Nayib Bukele, en su mensaje con motivo del asueto nacional desarrolló varios puntos. Para la gran mayoría, su anuncio sobre el presupuesto general de la nación, que será en realidad equilibrado y por primera vez en la historia completamente financiado, fue el centro de este; y no es un dato menor, ya que puede convertirse en la libertad de la deuda, de la necesidad de ir y prestar dinero a organismos internacionales, de someterse a una serie de requisitos y exigencias a cambio de unos cuantos millones de dólares que nos permitan cerrar un nuevo ejercicio de operaciones anuales, y ese día, me parece, podremos alcanzar esa libertad de vivir de prestado.
Lo que más me llamó la atención, y destaco, es cuando se refirió a la cultura del más vivo, ya que hay que erradicarla para una nueva etapa como nación. Y la definió como quizás uno de los enemigos mayores, ya que tenemos que cambiar nuestra manera de ser, de actuar, de entender la realidad en lo que falta de 2024 y los próximos años.
Nuestra sociedad salvadoreña tiene características antropológicas que históricamente nos marcan, y que he podido estudiar, analizar y buscar alternativas de solución, entre ellas: que como sociedad privilegiamos el uso de la violencia en cualquier modalidad para resolver cualquier diferencia o conflicto. Pero de igual manera, y no menos importante, en lo que puedo definir como la ley o la cultura del menor esfuerzo, en la cual hemos creído y pensado que el trabajo y esfuerzo de mediano y largo plazo no paga bien, y por el contrario buscamos las recompensas a corto plazo, como que fuera un café de sobre instantáneo.
En nuestro país somos dados a alabar y hasta glorificar a la persona que saca ventaja, que no respeta reglas, protocolos o similares, incluso se le denomina inteligente o muy capaz. Esta es una cultura que hemos copiado y replicado y que se ha normalizado en el proceso de socialización. Desde niño se nos enseña solo a ganar, a ser el mejor, y similares, pero debe de ir la enseñanza con principios, valores, formación espiritual, amor por el más próximo y sobre todo empatía que se resume en el amor. Qué importante es que pensemos en los otros que serán «víctimas» de mi conducta y actos. Este tipo de aspectos culturales nos llevan a cometer faltas y delitos.
Considero que tenemos una gran oportunidad ahora que el señor presidente Bukele aborda este punto en cadena nacional de radio, televisión y transmitido por redes sociales, ya que él es aceptado, ejerce un liderazgo y además goza de altos niveles de popularidad, para iniciar un proceso de transformación cultural, que no será fácil. Estoy seguro de que es más viable resolver el problema económico y social que transformar esta cultura del menor esfuerzo, pero es posible si todos desde nuestras familias y comunidades nos lo proponemos, nos capacitamos, nos adiestramos y sobre todo nos sensibilizamos. En especial, los adultos debemos ejercer un modelaje a nuestros hijos y trabajar en la primera infancia para pensar en una nueva generación.
Lo que nos espera para formar esta gran nación implica un cambio de cultura y característica antropológica que nos ha pagado mal, pero aún es tiempo de restauración. La mentalidad de aprovecharse de los demás es una predisposición que impide a las personas alcanzar su máximo potencial.






