Dentro de la ingeniería hay obras civiles que no aceptan defectos y deben ser diseñadas y funcionar bajo la filosofía «cero defectos», que el conocido maestro de la calidad Philip Crosby propuso en su programa de 14 pasos en los años sesenta.
Por ejemplo, una represa hidroeléctrica debe ser diseñada con esa filosofía de cero defectos, pues no se puede permitir ni una pequeña grieta, ya que, debido a las altas presiones a la que es sometida por el agua, una pequeña grieta sería suficiente para que se rompiera totalmente e hiciera colapsar toda la estructura. El liderazgo en cualquier organización debe funcionar, al menos de forma ideal, con esta filosofía propuesta por Philip Crosby, ya que el liderazgo es la piedra fundamental que soporta y la piedra angular sobre la cual debe erigirse la superestructura de cualquier organización.
Unas de las grietas del liderazgo son las «concesiones», por donde comenzará a resquebrajarse la integridad, que es indispensable en el ejercicio del liderazgo en cualquier organización, sea familiar, eclesial, empresarial o estatal. El liderazgo colapsa cuando se rompe su integridad, y la integridad se pierde por las concesiones. El costo de la integridad siempre es muy alto, pero en el mundo existe la creencia de que toda persona tiene su precio, que en cualquier negociación se trata finalmente de encontrar el precio de la contraparte y estar dispuesto a pagar para alcanzar los fines deseados. La filosofía muy de moda hoy en día les dice a las personas: «si le sirve, hágalo». ¿Qué significa? Alcanzar nuestros objetivos sin importar los medios que sean necesarios para ello. Si pensamos de esa manera, el resultado es que la gente aprende a mentir, a engañar, a robar y a esconder la verdad. En otras palabras, a hacer lo que sea necesario para obtener lo que quiere.
La integridad pertenece a aquellos hombres y mujeres que no pueden comprarse; ningún precio les hará venderse. En otras palabras, no hacen concesiones. Entonces, una persona que carece de integridad es aquella que dice una cosa y hace otra. Es un hipócrita. En Mateo 23:3, Jesús acusó a los mismos líderes religiosos de este mal cuando dijo: «Porque dicen, y no hacen». Por el contrario, la historia de la Iglesia cristiana es rica en personas que se negaron a transigir en cuanto a las normas bíblicas y que estuvieron dispuestas a entregar su vida para mantenerse en lo que creían. La gloria de un líder cristiano es mantenerse, en cualquier circunstancia, en los principios de la palabra de Dios.
En nuestro país no es un secreto que los partidos políticos, y la política del Estado salvadoreño, se han manejado con esa premisa: «Págales su precio para que te dejen gobernar» y «No importa el costo, si pagarlo te ayudará a alcanzar tus objetivos». Todo esto en realidad no es extraño en medio de una cultura secularizada y de una sociedad que ha abandonado los parámetros morales y los principios cristianos a cambio de la conveniencia y el pragmatismo.
Por el bien de El Salvador, le pedimos a Dios que levante en todos los sectores de nuestra sociedad hombres y mujeres que no se vendan fácilmente al mejor postor, sino que sean capaces de mantener la integridad, porque están aferrados a principios cristianos y valores morales que les permiten mantenerse incólumes.






