Los cambios importantes, esos que marcan un nuevo rumbo y hacen historia, nunca son cuestión de suerte. Son, sin duda, un tema de decisión. Y los capitalinos ya hemos decidido hacer de San Salvador una de las ciudades más desarrolladas del área centroamericana.
Nuestra capital siempre ha tenido un enorme potencial de crecimiento económico, social y cultural. Por eso es firme la determinación de convertirla en una ciudad referente para el resto de la región. Y este reto lo hemos tomado con muchísima convicción y conocimiento de causa.
Hace algunos años, en la administración del entonces alcalde Nayib Bukele, recogimos de nuestra experiencia valiosas lecciones. Nos esforzamos por aprender cómo funciona San Salvador. Salimos a las calles para ver de cerca el rostro de cada uno de los problemas de nuestra capital. La recorrimos de un extremo a otro para entender a la perfección todas las realidades, necesidades y esperanzas que le dan vida a una ciudad tan compleja como San Salvador.
Cuando estemos al frente de la alcaldía capitalina no solo les daremos continuidad a los proyectos que habíamos iniciado con anterioridad, sino que también tomaremos lo aprendido y lo haremos crecer para beneficio de cada ciudadano. Replicaremos nuestro modelo de trabajo en toda la capital para lograr un crecimiento sólido y articulado que potencie el desarrollo de todas las personas sin importar su edad, condición social u oficio.
Con el objetivo de lograr con éxito estas ambiciosas metas, he propiciado varias reuniones con los futuros alcaldes para crear una red de entendimiento y trabajo con todos ellos. Y puedo decir con entusiasmo que la voluntad de cooperación ha sido la que ha prevalecido a lo largo de estas jornadas, así como el anhelo de construir una mejor realidad para San Salvador y el resto de los municipios a lo largo del país.
Finalmente, nuestras alcaldías trabajarán por la búsqueda del bienestar de sus comunidades y no de miserables intereses políticos o, peor aún, en beneficio de estructuras criminales que se sentían intocables por contar con la protección de alcaldes corruptos.
Los mismos alcaldes corruptos que hasta ahora han venido utilizando de manera arbitraria y deshonesta el Fodes, destinando este valioso recurso al financiamiento de sus campañas políticas o a la construcción de dudosas obras cuyos costos son elevadísimos y que terminan con una utilidad y una duración ridículas.
Eso ya no volverá a ocurrir. Velaremos por que el Fodes se utilice para lo que realmente fue pensado: para potenciar el desarrollo de los municipios y el beneficio del pueblo. Estos fondos comenzarán a llegar hasta las alcaldías más pequeñas del país. Cada municipio de El Salvador tendrá las mismas oportunidades de desarrollo, como debe ser.
Queremos impulsar cambios que realmente tengan un impacto positivo en la vida de las personas, y eso lo lograremos únicamente trabajando juntos. Replicaremos el éxito de la alcaldía de San Salvador en el resto de las alcaldías del país. Ese es nuestro reto y esa es nuestra meta.
El pueblo salvadoreño ha decidido que el 28F se deshará de toda la clase política sinvergüenza que ha vivido de las arcas del Estado durante años. Esta no es una decisión al azar. Esta es la voluntad de un pueblo que sabe lo que vale; que ama su futuro y está dispuesto a hacer grandes cambios para alcanzarlo.
Desde la alcaldía de San Salvador honraremos esa soberana decisión de cambio, construyendo la capital que todos deseamos y merecemos.
Ese es mi compromiso como salvadoreño. Esa es mi promesa como alcalde.






