La cantidad de turistas internacionales que visitan El Salvador aumenta año con año, desde 2019. De acuerdo con sus testimonios públicos, tres motivos los impulsan a poner pie en tierra cuscatleca.

Uno, conocer personalmente la seguridad que ahora viven más de 6 millones de salvadoreños y que es noticia mundial, conociendo que pasó de ser la capital de los homicidios a convertirse en el país más seguro del hemisferio occidental. Realidad.

Dos, respirar el ambiente de libertad, tranquilidad y paz que ahora brinda El Salvador, lo que permite que las actividades sociales, familiar, deportiva, empresarial y comercial se desarrollen con normalidad.

Tres, disfrutar de la belleza de los sitios turísticos que atraen a familias enteras. El Centro Histórico de la capital, los pueblos que han resurgido con sus historias y costumbres, las montañas y las playas son testigos de esta nueva historia. Realidad.

Deportistas del surf de talla mundial y sus delegaciones han llegado en los últimos años a montar competencia en las impresionantes olas de las playas de La Libertad. Realidad.

Turistas y deportistas de todas partes del mundo dan fe de la verdad del país. Ellos son noticias vivientes.

En retrospectiva. Muchísimos compatriotas dejaron de visitar a sus familiares y amigos en el país, durante los gobiernos de ARENA y del FMLN, por miedo a perder la vida, a ser secuestra[1]dos o extorsionados. Ahora regresan año con año y dan fe de la nueva realidad salvadoreña. Las navidades y fiestas de fin de año las disfrutan con sus seres queridos.

La diáspora, en su totalidad, reconoce que su voto para el presidente Nayib Bukele vale oro. Sabe que vale oro, también, para la gobernabilidad que da la Asamblea Legislativa.

¿Qué ven y comprueban turistas internacionales, compatriotas y los más de 6 millones de salvadoreños honestos? El nuevo El Salvador. Un país sin miedos, sin restricciones, en total libertad. Saben que el peso de la justicia ahora sí cae sobre los malacates, hasta para aquellos que, haciendo uso de sus profesiones y oficio, violan las leyes.

Saben que el régimen de excepción se aplica a los delincuentes, no a los honrados, honestos y trabajadores.

Pero ¿qué ven los enemigos de esta nueva realidad de país?, ¿qué ven todos aquellos que estaban cómodos con el sistema corrupto y asesino establecido por derechistas e izquierdistas?, ¿qué ven y «venden» como «verdad» aquellos que comían del pastel publicitario gubernamental de tricolores y rojo y acrecentaban las finanzas de sus empresas y de sus bolsillos?

¿Qué ven aquellos que metían las manos para las jugosas «mentas» y sobresueldos que les daban en Casa Presidencial?, ¿qué ven los cabecillas de organizaciones y fundaciones que recibían miles de dólares desde la Asamblea Legislativa, dinero proveniente de los impuestos del pueblo?

¿Qué ven y «venden» los «propietarios» de sitios digitales amamantados por Soros y empresarios oscuros, los mismos que compran espacios en empresas mediáticas de la misma calaña para esparcir falsedades? Hay que reformular el cuento de Pinocho.

¡Cuántas toneladas de basura mediática lanzaron para evitar que el pueblo salvadoreño le diera un segundo mandato a Nayib! ¡Cuántas publicaciones e informes cargados de desinformación y tergiversación de datos presentaron ante ONG internacionales entrometidas para tratar de impedirle un segundo mandato a Nayib! ¿Qué lograron?

Y por lo visto el financiamiento para presentarse en todo foro internacional y mentir descaradamente sobre El Salvador está activo. No existe la menor duda de que la «orquesta opositora» está en pleno carburo, conociendo los tiempos electorales. La canción no es nueva.

Los enemigos de la nueva realidad salvadoreña son tan repetitivos con las acciones que siguen. El mapa que proviene de las mesas de conspiraciones, montadas fuera y dentro del país, no necesita lupa. Las ONG y los apologistas de la pluma repiten el mismo guion instantáneamente. ¡Autoexilio! Una misma nota «periodística» la esparcen en sus sitios web, sin cambio alguno y en el mismo momento. Ejemplos sencillos de lo que digo. ¿Son tan torpes para no darse cuenta?

En una conferencia de hace algunos años, una periodista ucraniana expresó que «las informaciones fraudulentas son una amenaza para la democracia y la sociedad».

Es que no cabe duda de que el fenómeno de la desinformación tiene consecuencias de gran alcance en muchas áreas de las políticas públicas, que van desde la seguridad nacional hasta la salud mental. Y eso lo saben «las manos que mecen la cuna» de propietarios de medios de prensa, plumíferos, cabecillas de ONG y leguleyos disfrazados de «defensores del derecho» y de «derechos humanos».

No se necesitan tres dedos de frente para entender que la propagación deliberada de información falsa y engañosa puede sembrar dudas sobre realidades y socavar la confianza de las personas en la integridad de los procesos de las instituciones democráticas.

Y eso es lo que precisamente están haciendo algunos que se pasean galantes en foros internacionales, aprovechando que les otorgan designaciones pírricas de «representantes y defensores de la ética periodística». Aprovechan sus «cargos», que los hacen sentirse dioses del Olimpo, y espetar sandeces sobre el país, ofreciendo como «verdades» situaciones que más de 6 millones de salvadoreños, miles de compatriotas y turistas internacionales pueden desmentir.

La apuesta de opositores a Nayib es monumental y descarada al mismo tiempo. Pretenden que el mundo les compre la desinformación y los datos tergiversados que difunden deliberadamente. Se aprovechan de que en el país la libertad de expresión está garantizada, digan lo que digan.

Gracias a Dios, la mentira no tiene mayor alcance. Las falsedades caen por su peso.

El Salvador vive una historia distinta a la que vociferan escribientes y sus dueños. Vive una realidad que no es la que hoy «venden» los que comieron a manos llenas de los anuncios en papel, en los tiempos de ARENA y FMLN, tampoco de los que fabrican «informes» más falsos que el billete de tres dólares.

El país camina firme, en su nueva historia de seguridad, de verdade[1]ra libertad para los honrados, honestos y trabajadores.

Nayib es un líder nato, un animal político, que sabe lo que el país necesita y toma las decisiones en beneficio de la sociedad. Rompió el molde de aquellos que nos gobernaron por décadas, esos que hicieron de la conformidad el carcelero de la libertad y enemigo del crecimiento.

Se entiende que algunos odian la forma de trabajar del presidente. Solo que al pueblo no le dan atol con el dedo. Es un pueblo inteligente y sabio. Y no va a cambiar el rumbo del país por caprichos e intereses de los que solo pretenden regresar al pasado. Realidad.

¿Qué ven los honestos y honrados? ¿Qué espejismo luchan por imponer los enemigos de la verdadera libertad y seguridad? Es cuestión de mentiras o realidades. ¿SIP o NOP?