La llegada de Nayib Bukele a la presidencia de la república va más allá del final de la alianza corrupta entre ARENA-FMLN que gobernó durante 30 años y que fue heredera de la vieja política de administraciones anteriores. El nuevo Gobierno puso en marcha un proceso de transformación que perdurará en el país.
Poner al centro de la actividad del Estado a la persona humana ha sido el motor de las políticas gubernamentales impulsadas incluso cuando la vieja Asamblea Legislativa se oponía a todas las acciones en favor de la población, incluyendo las medidas de emergencia para contener la pandemia de la COVID-19. Fue tal el desprecio por los ciudadanos que voceros de la oposición llegaron a decir que las acciones del Gobierno del presidente Bukele eran exageradas debido a una «gripita». Los meses y años que han transcurrido desde esas iniciales medidas de contención –acompañadas de la ampliación y recuperación de la red hospitalaria nacional— han valido el reconocimiento internacional por el manejo de la pandemia.
Los dos partidos que se repartieron el poder jamás tuvieron la visión de prepararse para fenómenos tan devastadores. Prueba de esto es que no hicieron nada para evitar las recurrentes inundaciones producidas por la falta de control, la negligencia y la corrupción de las autoridades.
Es hasta ahora que se trabaja para arreglar de raíz los problemas que llevan décadas desde que se originaron y para los cuales nunca hubo voluntad política de enfrentar, como ha sucedido ahora con los daños causados por el paso de la tormenta tropical Bonnie. Las intervenciones que se llevarán a cabo se debieron hacer cuando se construyeron las casas en la residencial Brisas de San Francisco, en San Salvador, o se debió intervenir hace años, pero no hubo interés ni de ARENA ni del FMLN.
La recuperación económica gracias a la masiva vacunación permitió que el país registrara, por primera vez en su historia, un crecimiento de más del 10 % en un contexto internacional adverso. Más de 60,000 nuevos empleos formales se han creado entre abril de 2021 y abril de este año, lo que supone un crecimiento del 6.9 % y revela la fortaleza de la economía nacional.
La Superintendencia del Sistema Financiero también da fe de la solidez y la liquidez de la banca privada nacional, la cual puede enfrentar los peligros de una recesión en Estados Unidos, lo que reduce el impacto en el país.
Mientras la infraestructura vial continúa en expansión con obras por todo el territorio que valorizan la importancia de los ciudadanos.
Estas son las verdaderas transformaciones, los cambios que el país necesita para desarrollarse.






