En las historietas que ahora se venden como «palabra de dioses» y la «pura verdad», los integrantes de la MS, del Barrio 18, del Tren de Aragua, entre otros, son blancas palomas, inocentes, superhéroes, y si operan fuera de sus países son «migrantes».
Si son capturados por las autoridades, porque son integrantes de agrupaciones criminales mundiales, asesinos y extorsionistas, entonces son «migrantes secuestrados». Bonito caen como estúpidos en guiones como los de Soros y de Nicolás Maduro. Ahora resulta que el sueño americano y la «democracia» están en esa nación sudamericana.
Leer o escuchar titulares como «Los abogados de Kilmar Ábrego denuncian que fue torturado mientras estuvo detenido en la cárcel del Cecot en El Salvador» —cuando lo vieron tomar margaritas con el senador glorioso, sin signos de desnutrición o torturas—; o que «El régimen de Maduro denuncia que los venezolanos que estaban en el Cecot fueron torturados», y darle toda la credibilidad como si fueran declaraciones de un ángel enviado del cielo, no tiene calificativo.
Se entiende de algunos medios nacionales y páginas web, los que buscan donde sea para golpear con mentiras al Gobierno de Nayib Bukele. Pero ¿qué pasa con alguna prensa internacional? Bueno, el cantautor y músico dominicano Wilfrido Vargas tiene la respuesta. Busquen la canción a la que me refiero.
¿No es esto la más alta traición de los escribas y «comunicadores de tv.» hacia las sociedades honestas que, con la venia de sus patrones o porque logran darles paja, envuelven en ropaje de inocencia a lo más vil de la humanidad? Se entiende que en sus países traten de levantarle perfil a sus alicaídos dirigentes gubernamentales, por patriotismo y envidia. Pero los pueblos merecen respeto. Y decir la verdad es respeto.
Hechos versus historietas de ilusionistas: ¿qué vio el mundo cuando los «angelitos migrantes venezolanos» estaban subiendo en el avión que los llevaría a su país, donde el Gobierno los protege porque son parte de su esquema de tiranía y «seguridad»?
Les hago un relato del video que pueden ver las veces que quieran y no verán otra cosa, a no ser que la estupidez les rebalse: tipos violentos, vulgares, que exponen los gestos y señas de criminales.
Pero, además, bien gorditos, sin señales de torturas o golpes. Lo gracioso de todo esto es que cuando llegaron donde su benefactor bajaron bien enfermos y diciendo cuanta imbecilidad les pusieron en los escritos de los «comunicadores» de Maduro. Curioso, ya tenían preparadas las sillas de rueda.
Veamos la realidad que los salvadoreños han vivido en carne propia.
En El Salvador, las maras y pandillas asesinaron y desaparecieron a más de 200,000 personas verdaderamente inocentes, trabajadores, estudiantes, abuelos, padres, hijos, amigos. Estos, a quienes les arrebataron la vida, obviamente nunca fueron ni son de importancia para las plumas «incómodas», ni para las ONG de «derechos humanos». Es que no les sirve para obtener dinero de idiotas con cartera.
Muchos sabemos cuánto dinero recibían también de ARENA y el FMLN para complacerlos con sus posturas corruptas en contra del pueblo.
Su preocupación descarada es que los asesinos de los salvadoreños sean liberados, que vuelvan a dominar todo el territorio nacional, para continuar protegiéndolos como leguleyos de inframundo o escribientes de «hazañas asesinas».
Mayor locura es que algunos medios internacionales, que algún día tuvieron algún prestigio, celebren las estupideces y hagan eco de ellas. Cuántos payasos «dueños de la verdad» hay.
Bien dice el libro de libros que la «maldad aumentará».
¿Quién es Cristosal en el país? Por favor. Algunos que cometieron sus fechorías en instituciones del Estado, quisieron cubrirse después en ONG como esta, creyendo que la justicia no les llegaría. El antes no es lo mismo que el después. Claro que los «periodistas investigadores» prefieren ocultar la verdad. Solo vean el caso de Fidel, el «gran muchacho defensor».
Veamos el trato «editorial» sobre los «angelitos migrantes» del Tren de Aragua, los protegidos por el tirano Maduro. Los escribientes espumosos «incómodos», así como los que celebran 110 años de «noticias de verdad» y los que conforman «el periódico de los salvadoreños», tienen la osadía de afirmar que son «migrantes inocentes torturados», porque así lo dice el cabecilla venezolano. Aplausos a su…
Seguramente viajarán a Venezuela con gastos pagados, para recrear las «historias» de los liberados. En silla los esperamos.
¿Quiénes son los del Tren de Aragua? Investigadores serios, los de verdad, han determinado que esta organización criminal nació en las cárceles del país bolivariano, con la «supuesta» complicidad de los gobernantes. Bueno, las acciones de Maduro y Diosdado Cabello, por sus «migrantes secuestrados» retornados, indican que hay mucha verdad.
El grupo criminal venezolano se ha enriquecido de la migración de su propia nación y de otras sudamericanas. Ha forjado un imperio asesino a escala mundial. Prostituye mujeres sin importar de dónde son.
Las autoridades federales estadounidenses descubrieron que los del Tren de Aragua tenían una red de tráfico sexual en Luisiana, Texas, Virginia, Florida y Nueva Jersey.
Su accionar mundial demuestra que tiene vínculos con el poder político. Es una empresa criminal poderosa, capaz de proteger gobiernos, por eso quizá ahora dicen que «es una ilusión de desierto». ¡Qué conveniencia!
Colombia y Chile, entre otras naciones, han reportado capturas y condenas de integrantes de esta asesina organización.
En fin. Hay mucho por contar sobre esos criminales. Claro, los ciudadanos honestos de algunos países no encontrarán mucho en sus «medios de prensa».
Si les gusta investigar, el mismo Gobierno del expresidente Joe Biden la designó «organización criminal transnacional» y ofreció una recompensa de hasta $12 millones por información que condujera a la detención de sus líderes.
Lo que nos ha demostrado el «periodismo» local e internacional es que lo más fácil y bondadoso en billetes es subirse al tren de chocolate. Sí, ese que conducen los maestros de la estafa, los imbéciles que creen que sus ciudadanos son torpes.
La desesperación de los plumíferos y las ONG activistas políticas, amantes del dinero, es reinstaurar el sistema en el que puedan seguir nadando en la piscina de la falsedad, con los bolsillos llenos. Es el mundo al revés para todos estos «autoexiliados» que, sin duda alguna, no pasan el polígrafo ciudadano.
Los vagones de Maduro, resulta, que son del tren del nuevo sueño americano.
La desesperación es brutal.






