Un asesinato en un famoso centro comercial del país, en gobierno rojo, encendió las alarmas de los pudientes, pues el lugar era considerado una burbuja de seguridad.
La violencia que azotaba a El Salvador mantenía secuestrado casi todos los rincones del territorio, menos esas zonas donde los propietarios son de la clase exclusiva, la del poder económico. No tengo duda de que tomaron sus teléfonos para llamar al encargado del país y cuestionarle qué es lo que estaba pasando. Es que la criminalidad tocaba a las puertas de sus negocios, sus burbujas.
¿Cuál era la coyuntura del país? Simple. Varias naciones ya habían advertido a sus ciudadanos de visitar El Salvador, y no era para menos, la tasa de asesinados superaba la barrera de los 100 por cada 100,000 habitantes.
Consecuencias. Lugares hermosos quedaron sin turistas, incluso hasta los nacionales perdieron el valor de llegar con sus familias. Equivocarse de bus e ingresar a una colonia o comunidad dominada por maras o pandillas era fatal. Lo mismo sucedía si se usaba el 13 o el 18 en camisetas o gorras, o para las mujeres pintarse el cabello de rubio.
¡Cuántos abandonaron sus viviendas por amenazas de estos grupos criminales que, además, a punta de pistola les obligaban a no llevarse nada! ¡Cuántos de nuestros niños, padres y abuelos ya no están con nosotros porque les arrebataron sus vidas!
¡Cuántos salvadoreños residentes en otros países dejaron de visitar a sus familiares! ¡Cuántos lugares turísticos bellos quedaron en el abandono! ¡Cuántos lugares hermosos no fueron descubiertos por el miedo a perder la vida! ¡Cuántos restaurantes y tiendas cerraron o quedaron pagando miles de dólares por extorsiones!
Pocos, pero muy pocos, tuvieron la osadía de hacer un viraje hacia nuestro país. Era virar hacia la burbuja de la muerte. ¿Eso es lo que tanto añoran los carniceros con pluma, las ONG de activismo político y los mercaderes de la religión? ¿Ese es el sistema al que quieren que volvamos?
¿Tanto miedo les tenían a los terroristas los funcionarios de ARENA y el FMLN que no fueron capaces de derrotarlos y, en lugar de eso, los terminaron financiando y adiestrando para que superaran a las fuerzas de seguridad?
Ni tricolores ni rojos defendieron jamás al pueblo. No. Se dedicaron a defender a esos criminales. Risa dan cuando aún se pelean por los «chirajos» de sus partidos políticos, en una etapa que llaman «renovación». Ni Pildorín saca tantas carcajadas.
Es que el país necesitaba a alguien con los pantalones bien puestos para defender al pueblo contra grupos terroristas, ONG y plumíferos protectores de criminales. El país urgía de un líder que asumiera el reto de acabar con el bipartidismo del terror que era financiado por poderosos nacionales y extranjeros.
Se necesitaba un verdadero patriota para hacer valer los derechos de más de 6 millones de salvadoreños inocentes, víctimas de la crueldad del sistema político de los fácticos. Era indispensable tener un estadista para recuperar cada milímetro del territorio nacional, cada montaña, cada playa, cada cascada, cada pueblo y sus costumbres.
Nayib Bukele, por la gracia de Dios, entró a la política con decisión, con el conocimiento certero para recuperar la seguridad de la nación y, así, lograr que El Salvador abandonara los primeros lugares de los países más violentos del mundo, e iniciar una nueva historia favorable para las familias salvadoreñas, sus emprendimientos, sus ilusiones.
No solo lo digo yo y los más de 6 millones de salvadoreños. Lo confirman los informes serios y profesionales de institutos internacionales que miden las cuestiones positivas de los gobiernos en beneficio de sus pueblos.
¿Dónde hemos llegado? Para que sigan respirando por la herida todos los que conforman el bloque opositor, aquí les dejo un par de datos que no pueden refutar ni con el único pelo de sus calvicies de «sabiduría».
De acuerdo con el último barómetro de Turismo Mundial, en 2024 siete países de América se destacaron entre los 20 destinos globales con mayor crecimiento en la llegada de turistas, reflejando una notable recuperación del turismo internacional pospandemia.
Nuestro querido El Salvador, de la mano de Nayib, lideró el ranking con un aumento del 81 %. ¿Qué significa eso? Que estamos en el segundo lugar como destino con mejor desempeño global en turismo —solo superado por Qatar—, con alzas en ingresos de más del 200 %.
El Pulgarcito de América está en el segundo lugar por su crecimiento en los ingresos provenientes del turismo internacional, solo superado por Kuwait. Hablo del 206 % del incremento global.
Con sobrada razón, el presidente Bukele dice que «de ser la capital mundial de los homicidios» pasamos «al segundo destino turístico con mejor rendimiento en el mundo».
¿Dónde más hemos llegado? El Salvador se convirtió en la marca país que más rápido crece en el ranking mundial de «poder blando», escalando 35 puestos, según Brand Finance en su sexto informe anual de índice global. Me gustó el título de SWI: «España cae en clasificación global de “poder blando” y El Salvador es el país que más crece».
En cristiano. El índice del «soft power» es la habilidad de un Estado para persuadir a otros países evitando el uso de la fuerza o la coerción, valiéndose de medios más sutiles, como su cultura, su modelo social o sus valores políticos.
Tiene sustento en una encuesta que se realiza a más de 170,000 personas de más de 100 países. Capta las percepciones globales sobre los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas.
En el caso nuestro, el índice de poder blando destaca el «liderazgo transformativo» liderado por el presidente Bukele, que ha puesto al país bajo el foco mundial por su éxito en seguridad, entre otros aspectos positivos. Textualmente, el informe reza: «[…] Ha aumentado la visión de El Salvador como un país seguro, políticamente estable y bien gobernado».
Para rematar, Nayib lidera cada ranking mundial de presidentes con mejor evaluación, superando a todos. Sí, a todos los mandatarios.
Ahora, el viraje hacia El Salvador es obligatorio para confirmar la nueva historia que se comenzó a escribir el 1.º de junio de 2019, por supuesto todo lo contrario a lo que ocurrió en las décadas que dominaron areneros, efemelenistas y sus aliados plumíferos, ONG, maras y pandillas.
El Salvador es hoy el país para visitar, pues está en el top de lugares como destino turístico. El Salvador es ahora una burbuja, sí, pero de seguridad y desarrollo. Viraje obligatorio






