Las muertes violentas de niños y adolescentes aumentaron un 50 % en el primer semestre de 2025 en Ecuador, en comparación con el mismo período del año anterior. Los datos del Ministerio del Interior, obtenidos por el periódico «Primicias», revelaron que desde enero hasta junio hubo 294 casos, frente a los 196 de 2024.
Se trata de víctimas de cero a 17 años, pero los homicidios se dispararon especialmente entre los adolescentes de 15 a 17 años. Hasta junio hubo 237 asesinatos en este rango de edad, representando el 80 % del total.
El 2025 experimenta un aumento de crímenes de menores de edad que no se había registrado en el país desde 2021, y con el panorama actual prevén que el escenario no cambie para el segundo semestre del año.
La provincia de Guayas también se convirtió en el epicentro de violencia para niños y adolescentes. En este territorio se cometieron 150 homicidios, es decir, el 51 % de todo el país. Luego le siguen provincias como Los Ríos (45 casos) y Manabí (32 casos).
A criterio del Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado (OECO), este aumento de crímenes podría estar ligado a la expansión de los grupos criminales y la incorporación de menores para que cometan delitos.

Su estudio sobre vinculación de niños y adolescentes a organizaciones criminales en Ecuador señala que los menores, desde los 10 años, son reclutados por el crimen organizado para aumentar progresivamente su poder mediante el control territorial, la violencia, la extorsión, el tráfico de drogas y el secuestro.
El documento indica que la profunda crisis penitenciaria hizo que a partir de 2019 surgieran nuevas bandas, lo que provocó el reclutamiento de más niños y adolescentes a estas agrupaciones ilícitas, las cuales se aprovecharon de su vulnerabilidad, falta de experiencia y condiciones sociales adversas.
«En muchos casos, los menores ingresan a estos grupos impulsados por un sentimiento de pertenencia, lealtad y protección en contextos de precariedad económica, exclusión educativa y falta de oportunidades», detalla el análisis.
Según la OECO, la expansión de este fenómeno ocurre en un marco de deterioro de los indicadores sociales y del desarrollo en Ecuador.
Se estima que cerca de 500,000 jóvenes de entre 15 y 24 años no estudian ni trabajan, con una mayor concentración en las zonas urbanas. A esto se suma el crecimiento de la pobreza y la desigualdad, en un entorno económico todavía afectado por las secuelas de la pandemia de la COVID-19.

Con estas carencias sociales y económicas, las organizaciones criminales han ocupado los espacios abandonados por el sistema educativo, que ha excluido a más de 250,000 jóvenes, de los cuales más de la mitad, entre 15 y 17 años, no manifiestan interés en reincorporarse al sistema formal, asegura el estudio con datos de Unicef 2023.
«La situación de los homicidios cometidos contra niños, niñas y adolescentes representa una preocupación creciente para el Ecuador», afirma.
Solo en 2024, ocho de cada 10 homicidios contra personas de este grupo etario fueron perpetrados con armas de fuego. «Esto refleja no solo la gravedad del fenómeno, sino también la exposición de los niños y adolescentes a dinámicas violentas asociadas a la criminalidad organizada», destaca OECO.
Este año, mayo fue el mes más violento en la historia del país, concentrando 926 homicidios.
El Gobierno de Daniel Noboa ha tratado de desmantelar las estructuras del crimen organizado con varios estados de excepción, la declaración de un conflicto armado interno, leyes aprobadas por el Legislativo para combatir la inseguridad, pero los resultados han sido cuestionados por los expertos.








