El salvadoreño Roberto Machuca, de 29 años, es testigo de que el papa Francisco creaba vínculos especiales con su pueblo. El encuentro con el sumo pontífice en el viacrucis en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Panamá, en enero de 2019, marcó su vida por «la paz y la alegría que irradiaba».
Nombrado coordinador de la delegación de El Salvador en la JMJ en ese momento por su labor en la Iglesia, la oportunidad la recibió como una bendición, y aunque al principio no estaba seguro de aceptar el reto, luego se dispuso a formar parte de la convocatoria para movilizar a casi 2,000 jóvenes hasta esa celebración con el papa.




Machuca estaba a cargo de todo lo relacionado con las relaciones públicas y comunicaciones; además, era el responsable de cada uno de los jóvenes que asistieron al evento. Pero con un proceso largo e intenso, con ganas de abandonar todo y después vivir su propio viacrucis, tener al papa Francisco tan cerca y lleno del Espíritu Santo se convirtió en la mejor de las experiencias.
Durante el ensayo le comunicaron que no tendría contacto cercano con el papa; sin embargo, media hora antes del viacrucis le informaron que fue el propio papa quien decidió estar más cerca con los jóvenes.

En su corazón guarda con cariño el momento en el que se vistió con ropa hecha por manos de La Palma, Chalatenango, y leyó con mucho nerviosismo y entusiasmo la tercera estación: Jesús es condenado por el sanedrín, seguido de tres párrafos de reflexión.
Al terminar con todas las estaciones, Francisco saludó a todos los asistentes y Machuca ansiaba agradecerle por la canonización de san Óscar Romero, invitarlo a visitar El Salvador y agradecer su trabajo, pero tenerlo de frente lo dejó en shock.
Recuerda que tenía listo el cuadro de san Romero que había enviado especialmente para él, y sin pronunciar una palabra, el papa se dirigió a él y le dijo: «Gracias, siempre rezo por El Salvador», y luego: «Ánimo, Dios está con ustedes». «Fue un momento muy especial. Cuando lo vi cerca empecé a orar por nuestro país, que estaba azotado por la violencia. El papa irradiaba mucha paz, se sentía una gran alegría, se sentía la presencia y el espíritu de Dios en ese lugar. No es porque uno sea fanático religioso, sino porque era así. Cuando él entró, era tener la figura de Pedro entre nosotros», afirmó.


Con la convicción de seguir trabajando para Dios, regresó a El Salvador y recibió una llamada del nuncio apostólico, monseñor Santo Rocco Gangemi, quien le notificó que tenía correspondencia de Roma. Le comentó que el papa pidió que le entregaran una camándula como muestra de agradecimiento por el cuadro. Mencionó que guardará ese tesoro en un lugar especial.
Machuca recordó que se puso a llorar. Sus recuerdos cobran vida esta semana con el anuncio del fallecimiento del papa. «El papa vivió su viacrucis para encontrarse con Dios. Me llena de alegría porque ganamos a un intercesor más entre nosotros», sostuvo.
Lo que más recordará es su contacto cercano con la gente, que rompió con esquemas y puso orden en la Iglesia.
Más de 50,000 fieles visitan la capilla ardiente del papa Francisco – Diario El Salvador





