Sin alimentos ni protección para el frío, los migrantes venezolanos expulsados de Estados Unidos con el Título 42 fueron dejados el sábado frente a las puertas de una sede de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) en la capital, pese a que este centro no trabaja durante el fin de semana.
Las autoridades migratorias mexicanas embarcaron en dos autobuses a un primer grupo de venezolanos que intentó cruzar por tierra hacia Estados Unidos y los trasladó desde la ciudad fronteriza de Matamoros, estado de Tamaulipas, hasta la Comar.
El 13 de octubre, el Gobierno del presidente Joe Biden anunció la admisión de solo 24,000 venezolanos, aunque las movilizaciones aumentaron en el último año.
«Nos ofrecieron toda la ayuda. Un albergue mejor, porque en Matamoros no contaban con instalaciones y logística, pero nos engañaron, y ahora estamos aquí en la calle solo con lo que tenemos puesto», dijo a Tearrán Acevedo, un venezolano de 32 años, al quejarse del frío y hambre que pasó tras su llegada a la Ciudad de México.
«Queremos una respuesta lógica. No somos unos animales, unos perros», señaló Acevedo al quejarse de la decisión que tomaron las autoridades estadounidenses de expulsar hacia México a cientos de migrantes.
Rodeado de sus compañeros de viaje, algunos de cuales comían desesperados unos panes que les regalaron venezolanos residentes en México, Acevedo reconoció que tras dejar hace dos meses a su familia y su hogar en el estado venezolano de Anzoátegui y vender su motocicleta, que era su único bien, ahora su destino es incierto. «Me vine para cumplir un sueño americano, y se me ha convertido en una pesadilla», indicó el venezolano al relatar que se quedó sin dinero cuando todos sus ahorros, unos $4,500, se los dejó a varios traficantes de migrantes y funcionarios en su recorrido desde Colombia.
Dijo que pasó por Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala, hasta la frontera norte de México, y perdió su único documento de identificación al entregarlo a las autoridades estadounidenses cuando fue detenido a finales de septiembre al entrar ilegalmente por el estado de Texas.
Las autoridades estadounidenses acordaron, además, que devolverán a los que crucen la frontera ilegalmente desde México, una cifra que superó las 33,000 personas solo en septiembre. Pese a las nuevas restricciones de Washington, Acevedo aseguró que no tiene planes de volver a Venezuela y que seguirá insistiendo en ir a Estados Unidos.
«Queremos que nuestra voz se escuche, porque todos nuestros derechos fueron burlados», agregó. De acuerdo con la ONU, hasta el mes pasado se habían contabilizado más de 7.1 millones de personas que han migrado de Venezuela en los últimos años.






